“El tío Joaquín…”
(1931)
Leticia Muñoz
“…El inútil de la familia es la crónica de una figura real, de un hombre, un escritor, un tío, un personaje marginal, contradictorio, jugador y putero. Pero el libro tiene la habilidad de que además de ser una crónica de un personaje real, aporta las novelas del propio Joaquín Edwards Bello, incluyendo a sus personajes, que probablemente eran reales. El resultado es sumamente estimulante y atractivo. Ese juego de la fantasía y la realidad, es, según Edwards, uno de sus terrenos literarios favoritos…”
Fernando Savater en la presentación del
Libro de Jorge Edwards. Madrid, 2005.
A través de la figura de su tío abuelo Joaquín Edwards Bello, y mezclando fantasía y realidad, Jorge Edwards, escritor y diplomático chileno nacido en Santiago el 29 de julio de 1931, publica en 2005 la novela, El inútil de la familia, Madrid, Alfaguara.
“…Yo creo que es una novela porque se cuenta detalladamente la vida de un personaje, un personaje que me rondó y me interesó desde hace muchos años. Los datos de Joaquín siempre me quedaban registrados. Supongo que reúne una serie de obsesiones mías que se fueron unificando. Yo, a diferencia de Joaquín, no soy jugador, pero tengo mucho en común con él…”
Jorge Edwards en la presentación de su libro
Elsa Fernández-Santos. El País.
14/1/2005
Así, a través de estas páginas, Jorge Edwards recorre esa vida del periodista, aristócrata, tahúr Edwards Bello, “el escritor maldito de la familia”, que se suicidó en 1968, en las que aborda, además, las costumbres y la política chilena de comienzos del siglo XX.
“…Aunque en este libro Edwards Bello encarna un arquetipo —el escritor maldito, zarandeado por sus tendencias autodestructivas—, Jorge Edwards ha sabido dibujarlo con rasgos particulares y emocionalmente convincentes. Un personaje pleno y a la vez frustrado, trágico y humorístico, conmovedor e irritante, un jugador longevo cuyos dados, sin embargo, rodaban siempre cargados hacia la desgracia o la muerte que iba reservándose a sí mismo…”
El inútil de la familia, de Jorge Edwards. Marcelo Maturana
Letras libres, junio 2005.
Con historias que escucha de sus tías Elisa y Delfina Edwards, así como de su padre y “personajes variados de la vida noctámbula chilena”, Jorge Edwards describe la fascinante vida de este personaje chileno:
“…La historia de Joaquín me rondaba desde niño. Yo tenía una tía, muy bajita y narigona, y que después de que la abandonara su marido, se consoló leyendo y tocando el arpa. Esta tía mía intuyó mi inclinación por la literatura. Fue ella la que a escondidas un día me enseñó los libros del tío Joaquín. Mi padre hablaba de él con mucha irritación. Nunca se decía el tío Joaquín, a secas, no, siempre se le adjetivaba. Era el inútil de Joaquín [...] Era un hombre muy fascinante pero muy inquietante también…”
Jorge Edwards en la presentación de su libro
Nacido en el seno de una familia de abolengo de la sociedad chilena, Jorge Edwards es educado en el colegio San Ignacio de Loyola, donde tiene como profesor al Padre Alberto Hurtado y es ahí donde su interés literario se va desarrollando y comienza sus primeros ensayos.
Terminada la enseñanza escolar, Jorge Edwards estudia tres años de Filosofía en el Instituto Pedagógico, así como Derecho en la Universidad de Chile. Se gradúa como abogado y, posteriormente, (1959), realiza estudios de posgrado, Asuntos Públicos Internacionales en Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton (Estados Unidos) y vivió en París durante la década de los 60.
En 1952 comienza la producción de Jorge Edwards como cuentista con la aparición de su primer volumen El patio, a la que habrá de seguir Gente de la ciudad (1961); Las máscaras (1967); Temas y variaciones, antología dispuesta y prologada por Enrique Lihn en 1969.
Colaborador habitual en prensa, Edwards edita en 1994 un libro que recoge algunas de esas crónicas, titulado El whisky de los poetas (1997).
Como novelista Jorge Edwards comienza su producción con El peso de la noche (1964), género que continuará con Los convidados de piedra (1978), El museo de cera (1981), La mujer imaginaria (1985), El anfitrión (1987); El origen del mundo (1966) y El sueño de la historia (2000).
Con el inicio El peso de la noche Jorge Edwards comienza, según sus palabras:
“…De veras a escribir. O sea, a decir el máximo de cosas, a observar la realidad de entorno y dejar de lado la obsesión autobiográfica…”
“No se atrevió a decirle que había contemplado largamente su réplica en cera, y que había acariciado, también, sus muslos fríos, por encima de las manos huesudas del pianista, en el silencio sepulcral de la sala de música, un silencio que había tragado, hacía un tiempo, las notas de un aria de Verdi, y que había devorado, además, su repentina interrupción, y los suspiros, las palabras entrecortadas, el roce de los dedos, hasta que el leve crujido de la puerta, la sensación imperceptible de una corriente de aire, les había advertido. Le confesó, en cambio, que después de recorrer aquellos escenarios, había caminado sin rumbo alguno, por callejuelas de casas chatas, pintadas de verde y de naranja, donde había niños que jugaban con pelotas de trapo, música de organillos, y putarracas gordas, de jamones al aire, sentadas en las veredas en sillas de paja, con ánimo de escapar de la eterna tertulia del club, y observando, con sorpresa, pero ahora, curiosamente, sin la menor alarma, con perfecta indiferencia, cómo cundían en los muros las proclamas y las consignas de los partidos revolucionarios. “
El museo de cera (fragmento)
Su libro Desde la cola del dragón (1973) que aparece en Barcelona ese mismo año obtiene el Premio de Ensayo Mundo 1977 en España.
Los pecados capitales, de 1993, lo escribe en colaboración con otros seis narradores. A esta producción se agrega la colección de cuentos Fantasmas de carne y hueso, que aparece ese mismo año de 1993.
Es autor también de una biografía de Pablo Neruda titulada Adiós poeta (1990), que lo hace merecedor al Premio Comillas de biografía de Editorial Tusquets.
En 1957 ingresa en la carrera diplomática en la cual ocupa diversos cargos hasta 1973 como Secretario de la Embajada de Chile en París, junto a Pablo Neruda, y Consejero de la Embajada en Lima.
Significativa es su participación como Representante del Gobierno de Chile en La Habana, cargo que le es conferido a fin de restablecer las suspendidas relaciones diplomáticas entre ambos países.
De esta misión, en la que sólo se desempeña tres meses, el diplomático chileno es expulsado luego de un áspero enfrentamiento con Fidel Castro quien lo declara “persona non grata” por su apoyo a los intelectuales adversarios del régimen.
Su libro Persona Non Grata, publicado en 1973, es el resultado de esa experiencia en Cuba. Treinta años después Edwards considera la posibilidad de escribir la segunda parte:
“…Quiero hacer un libro sobre ese libro. Es decir, mirarlo desde la perspectiva de hoy y contar muchas cosas que no he contado, que me pasaron en Cuba y después de la publicación del libro. Porque recibí vetos, pero también grandes apoyos como el de Octavio Paz…”
Mauricio Vicent, desde La Habana. La Tercera, Chile, Abril 20, 2003
Después del golpe militar, que determinó su renuncia al puesto que ocupaba en la Embajada de Chile en París, residió durante varios años en Barcelona y trabajó en la editorial Seix Barral, tras lo cual regresa a Chile en 1978.
Y ahí, en su país, la Academia Chilena de la Lengua lo recibe dos años después.
“…Frente a la actitud de una sociedad chismosa, que anda siempre a la caza de los modelos reales, la rotunda respuesta del novelista, que siempre provoca incredulidad, es la de Flaubert a sus acusadores judiciales: ¡Madame Bovary c´est moi! “¡Madame Bovary soy yo!…”
Discurso de ingreso a la Academia Chilena de la Lengua (1980)
Entre los prestigiosos galardones literarios que ha recibido a lo largo de su carrera destacan los Premios: Municipal de Santiago, de Atenea, de Pedro de Oña y el Nacional de Literatura de su país en 1994. Edwards fue, además, Jurado de la Casa de las Américas en Cuba.
En 1999 Edwards recibe el máximo galardón que otorgan las letras españolas, el Premio Cervantes de Literatura y, un año después, el Presidente de Chile, Ricardo Lagos, lo condecora con la Orden al mérito de “Gabriela Mistral”.
En el recinto oficial así se escuchó la voz del escritor al recibir la medalla:
“…Me siento profundamente honrado al recibir la Orden al Mérito Gabriela Mistral de manos del Presidente Ricardo Lagos y de la ministra de Educación, Mariana Aylwin. Es el reconocimiento al trabajo de escritor que otorga un gobierno democrático y, por lo tanto, respetuoso de la cultura y de las libertades que ella exige, y lleva el nombre de una de las grandes poetas de nuestra lengua, el de una gran creadora y una maestra en el sentido más amplio de la expresión. Gabriela pertenece a la especie muy escasa de los poetas de pensamiento, los poetas en que la emoción y la inteligencia orientadora son inseparables, en que la palabra es síntesis de experiencia humana, de conocimiento y de enseñanza, y tengo plena conciencia de que recibir esta distinción constituye un motivo de orgullo legítimo, duradero, además de un serio compromiso…”





