
Usain Bolt
Exploran las claves genéticas de los velocistas
El dominio de jamaiquinos y estadounidenses de ascendencia africana y caribeña en el atletismo de clase mundial ha generado un intenso debate en torno a si el hecho de correr hasta el límite de la capacidad humana está en los genes. Es una idea que tiene su atractivo. Después de todo, es desconcertante que la pequeña nación de Jamaica, con una población de sólo 2.8 millones de personas, pueda producir con regularidad velocistas que baten récords mundiales, mientras toda Europa apenas puede registrar un puñado de atletas entre los 100 mejores. Científicos deportivos y especialistas en genética dicen que atribuir el éxito en el atletismo de velocidad puramente a la naturaleza en lugar de incluir la formación es demasiado simplista e ignora una abundancia de factores culturales y sociales que son igualmente importantes para vencer el reloj. “Lo que sabemos sobre los genes en el deporte es que la composición genética influye en alrededor de un 50 por ciento de variabilidad en el rendimiento base. Lo que básicamente nos dice es que el rendimiento deportivo es una combinación de lo innato y lo adquirido”, dijo Ken van Someren, director de ciencias deportivas en el Instituto Inglés de Deporte, aunque para Bengt Saltin, profesor de fisiología humana en el Centro de Investigación Muscular de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, la clave está en el balance de movimientos de fibras musculares de contracción rápida y lenta. Las fibras musculares rápidas producen la misma cantidad de fuerza por cada contracción que los músculos lentos, pero llevan ese nombre porque pueden reaccionar mucho más rápido, lo que las hace mejor para pruebas deportivas explosivas, veloces y enérgicas como lo es la de 100 metros planos. Y aunque el entrenamiento y la práctica pueden obviamente mejorar el rendimiento muscular, las evidencias sugieren que las fibras de contracción lenta no pueden convertirse en fibras veloces, lo que significa que los atletas tienen lo que hay en sus genes: “Si uno no tiene al menos un 70 u 80 por ciento de fibras musculares de contracción rápida, diría que es poco probable que pueda estar entre ellos los velocistas más destacados del mundo. Pero si uno tiene ese nivel probablemente pueda hacerlo bien, y si tiene un 80 o 90 por ciento, es incluso mejor”, dijo Saltin. Una ráfaga de emoción sobre la idea de genes para la destreza atlética se desató en el 2003 cuando científicos australianos descubrieron que un gen llamado ACTN3 tenía ciertas variantes que podían dar a los músculos de deportistas de élite una ventaja de rendimiento. Estudios muestran que esa versión del ACTN2, apodado el ‘gen del sprint’, es más común en jamaiquinos y otras personas con ascendencia de África que en aquellos con antepasados europeos. Sin embargo, Van Someren negó que haya un gen individual que cuente para la velocidad y la energía, ni para el sprint, de tal forma que es imposible decir si hay un genotipo africano para la velocidad o uno para el atletismo de resistencia: “Los genes tienen un juego aparte”, remarcó. Y para otros científicos una explicación centrada sólo en genes también resta importancia a toda una serie de factores psicosociales y culturales que pueden contribuir de manera importante al éxito de los velocistas, como los jamaiquinos, por ejemplo, para quienes el atletismo implica una posición de mucho respeto: el campeonato escolar anual es un evento importante a nivel nacional cuya significatividad se equipara con el Super Bowl para los estadounidenses. Expertos también destacan la inversión de Jamaica en infraestructura y sistemas de entrenamiento para cultivar potenciales atletas de elite, una cultura que idolatra a sus velocistas y un poderoso deseo entre los jóvenes por usar al deporte para sacar a sus familias de la pobreza. Daniel MacArthur, uno de los investigadores de la publicación del 2003 que relacionaba al ACTN3 y el rendimiento atlético, dice que lamenta que el estudio haya derivado en un exagerado énfasis sobre lo que algunos quieren ver como una ventaja evolutiva: “Es casi verdadero que Usain Bolt porta al menos una de las variantes del gen del sprint ACTN3 –escribió MacArthur en un blog científico sobre el tema–, pero también yo, junto a los alrededor de 7 mil millones de humanos en todo el mundo”.

Mirada
La mirada delata las palabras
Un grupo de científicos de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, estudió la relación que había entre el movimientos de los ojos cuando miramos una imagen y el discurso que se da cuando la describes. Encontraron que dependiendo de la mirada se podía predecir cómo se iba a describir una escena. Y es que el recorrido de lo ojos, qué ven primero y qué al final, al observar una imagen o escena permite saber que objetos vistos se describirán y cual es la relación entre ellos y cómo ordenamos una oración descriptiva y la longitud de ésta. Esta relación existe porque primero se necesita ver lo que vamos a detallar de una imagen antes de expresarlo con palabras. De acuerdo a Moreno Coco, científico involucrado en el estudio, la investigación también pone de relieve el modo en que hablas con la mirada. El estudio se realizó con una serie de voluntarios, los cuales vieron varias imágenes con escenas de espacio interiores. Posteriormente debían describirla. Así se registraron los patrones del movimiento ocular y las descripciones que hacían. Los investigadores identificaron qué patrón de movimiento se relacionaba con algún orden de palabras. Después del registro de patrones pudieron predecir la frase que se emplearía para describir una de las imágenes. Por el momento queda saber si el movimiento de los ojos y las palabras que se usan varían dependiendo de la cultura o el género de la persona. Este tipo de descubrimientos podría permitir el desarrollo de herramientas para personas discapacitadas que sólo pueden comunicar con sus ojos. También se cree que se podría mejorar las interfaces entre computadoras y personas.

Bosque
Los bosques absorben el doble de dióxido de carbono
La cantidad de dióxido de carbono (CO2) absorbida por bosques y océanos se ha duplicado en los últimos cincuenta años, lo que indica que aún cumplen su función como sumideros de este gas, informa la revista científica Nature. El estudio, elaborado por un grupo de investigadores de la Universidad de Colorado (EU), defiende además que la cantidad de dióxido de carbono absorbida por la Tierra crece cada año. Los océanos en particular son los principales responsables de absorber CO2, gracias a la labor del plancton, los corales y los peces: “Nuestro principal descubrimiento es que la Tierra está absorbiendo una cantidad significativamente mayor de CO2 cada año y que el total se ha duplicado en el último medio siglo”, explicó a Efe el biogeoquímico Ashley Ballantyne, autor principal del artículo y quien en concreto descubrió que el volumen de dióxido de carbono absorbido por la Tierra aumentó de 2 mil 400 millones de toneladas al año en 1960 a 5 mil millones de toneladas anuales en 2010. Pese a ello, el CO2 presente en la atmósfera no ha dejado de crecer en los últimos años. Esta paradoja había sustentado varias investigaciones previas, según las cuales la capacidad de estos sumideros para absorber el carbono de la atmósfera y, por consiguiente, reducir la cantidad de CO2 del aire, está en declive y podría detenerse en algún momento del próximo siglo. Ballantyne afirma sin embargo que no es culpa de la capacidad de la Tierra para absorber el dióxido de carbono, sino de que las emisiones procedentes de los combustibles fósiles se han cuadruplicado desde 1960. Para su estudio, el equipo de Ballantyne recopiló observaciones del CO2 atmosférico y estimaciones de las próximas emisiones fruto de los combustibles fósiles: “Nuestros resultados –dijo– sugieren que, probablemente, el calentamiento global sería mucho mayor si la Tierra no hubiese continuado absorbiendo alrededor de la mitad del CO2 que se emite a la atmósfera”.





