
José Emilio Pacheco
Alguna vez José Emilio Pacheco hizo una observación que bien merece recordar: los premios sólo complacen, sólo agradan, a quienes los reciben.
El poeta, novelista, ensayista y periodista mexicano ha sido galardonado “con el Nobel de las letras hispanas”, como bien expresara la ministra de cultura española Angeles González Sinde.
Le ha sido concedido el Premio Cervantes al igual que a Octavio Paz en 1981, Carlos Fuentes en 1987 y Sergio Pitol en 2005.
El anuncio se hizo la mañana del 30 de noviembre. El presidente del jurado fue José Antonio Pascual, quien formuló la siguiente puntualización: “José Emilio Pacheco ha sido definido como el idioma entero… es un poeta excepcional de la vida cotidiana, con una profundidad y una libertad en sus pensamientos, una capacidad de crear un mundo propio y un uso lingüístico impecable”
José Emilio, cumple con la regla no escrita del Premio Cervantes de alternar su concesión de uno y otro lado del Atlántico. La ministra española hizo referencia de que tal distinción ha sido acuerpada con 125 mil euros. En México a su vez el escritor, en rueda de prensa, manejó esta tesis: “quiero dejar claro que este premio es para toda la literatura mexicana que no sale mucho de nuestras fronteras”
El autor de Las batallas en el desierto y Desde entonces considera el fallo del jurado “una irrealidad” que nunca aspiró a recibir, según ha dicho a Efe en declaraciones telefónicas desde Guadalajara (México), donde concurre a la Feria Internacional del Libro. El escritor ha subrayado que “no esperaba” recibir este premio que en opinión suya es el más importante de la lengua castellana. El poeta y prosista, además de traductor, nació en la ciudad de México en 1939. Es un hombre modesto, sencillo, entregado desde su adolescencia a escribir y leer; dijo a los periodistas que lo entrevistaron en la capital de Jalisco: “Temo aburrirles, contarles siempre lo mismo. Así que si se empeñan en seguir haciéndome entrevistas, no tendré más remedio que inventarme otra biografía”. Pero esto ocurrió el domingo, es decir un día antes de la gran noticia. Una periodista mexicana inquirió: “Maestro, después de haber recibido el Premio Sofía de Poesía Iberoamericana, ¿cree usted que le pueden dar el Premio Cervantes?” Su respuesta inmediata fue: “Para nada. Aunque con el Reina Sofía eso se quebró de alguna manera, yo soy el eterno finalista. Y en Norteamérica eso de ser finalista es un prestigio. Los autores los ponen hasta en las solapa de sus libros… Fue finalista de tal o cual premio. Pero aquí en México eso no es así. Aquí es un deshonor”
Pacheco es autor de una extensa obra poética, en la cual destacan Los elementos de la noche en 1963, El reposo del fuego en 1966, No me preguntes cómo pasa el tiempo en 1969, Irás y no volverás en 1973, Islas a la deriva en 1976, Desde entonces en 1980, Trabajos en el mar en 1983 Y como la lluvia.
No ha dejado de causar interés por un lado y morbo por el otro las declaraciones del Presidente Felipe Calderón en materia política. De nueva cuenta, habla de que propondrá al Congreso reformas estructurales tanto en economía como en política. Por ejemplo, sugiere enviar iniciativas formales para que puedan reelegirse los legisladores y los alcaldes y, al mismo tiempo, afinó la puntería para reducir el número de diputados.
Extraña que un Presidente cuando va la mitad de su sexenio esté pensando no precisamente en concluir su obra de gobierno, sino en principiar una tarea de las proporciones y matices que implica modificar la vida en el Congreso.
Uno de los primeros en saltar a la palestra ha sido nada menos y nada más que el diputado, por enésima vez diputado, Porfirio Muños Ledo. Según el expriísta, exparmista y actual perredista del grupo de López Obrador, lo expresado por Calderón lo tiene confundido. Afirma que la iniciativa le genera dudas. O sea, otra vez Muñoz Ledo quiere polémica. Un hombre con talento mal usado, que ha servido como colaborador de Presidentes del PRI y del PAN, aspira a que los reflectores lo reconozcan y lo coloquen, según se piensa, en el centro de la atención. Don Porfirio parece no darse cuenta que sus mejores años en la vida pública ya pasaron; los mejores días de quien fue integrante de los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo y Miguel de la Madrid, así como de Fox, quedaron atrás. Don Porfirio tiene luces mentales para algunas cosas al punto de rozar a veces con el gran talento. Pero eso ya transcurrió. El tiempo en política se come al tiempo y, por añadidura, al ser humano.
Es posible que el Presidente Calderón este pensando en pasar a la historia como el gran reformador de la vida política. De ahí que a estas horas hable de hacer reformas sustanciales para mejorar el sistema democrático. No ha concluido su tarea de erradicar de la vida social mexicana ni la corrupción ni la impunidad ni el narco ni la violencia ni la pobreza ni el desempleo ni la marginación extrema. En México no es posible hablar de un rejuvenecimiento en la vida política cuando en lo económico el país la pasa mal, los problemas se agravan y las necesidades son más grandes y lacerantes. No se puede pensar en dar inicio a reformas en la política si no se ha atacado el mal de males en la economía. (ffc)














Estimado Froylán :
Excelente el nuevo formato de la página.
Saludos a todos los compañeros , felicidades.
José Luis Escalante Cordero