Los santos inocentes
José Luis Escalante Cordero.

Escena de la película Los santos inocentes en donde aparecen los personajes desposeídos.
Mario Camus, director de cine español, nacido en Santander el 20 de abril de 1935.
Nada más terminada la Guerra Civil, inició sus estudios al tiempo que fue descubriendo el mundo del cine a partir de las sesiones que podía ver en los locales para tal fin en los lugares que vivía. El baloncesto fue el deporte que le abrió las puertas de Madrid, adonde marchó a estudiar Derecho. La revista italiana Cinema Novo orientó sus pasos hacia el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, la escuela de cine oficial de la época, a la que ingresó en 1956. Durante su estancia vio mucho cine, escribió todo lo que pudo y, especialmente, colaboró con Carlos Saura en el guion de la cinta Los golfos. Fue una época en la que su trabajo le alejaría del IIEC, en donde finalizaría su carrera en 1962 con una práctica que tituló El borracho, después de haber escrito, también, el guion del cortometraje Young Sánchez.
Mientras orientaba su línea artística, fue también definiendo los aspectos formales que le servirían de garantía personal. Su carrera un giro sorprendente con tres películas que alcanzaron notoriedad por su fuerza expresiva, el rigor en el planteamiento de los temas (en general de la postguerra española, vista desde diversos ángulos) y el trabajo general de puesta en escena, con un protagonismo indiscutible de unos actores que supieron engrandecer su oficio. En este sentido se debe tomar Los días del pasado (1977), con Antonio Gades y Pepa Flores en el mundo de los maquis que resisten el acoso policial en sus últimos tiempos; pero también las versiones de las obras de Camilo José Cela La colmena (1982) y de Miguel Delibes Los Santos inocentes (1982), de gran repercusión en España y en el extranjero, cosechando muchos premios. El espectador, en los tres casos, asistió con inusitado interés a la historia de unos personajes que eran espejo de muchos desconocidos que tuvieron que vivir en propia carne aquellos años del primer franquismo.
Superados estos años, Camus decidió, además de colaborar en guiones de coetáneos suyos, continuar con su línea personal que le llevó a La casa de Bernarda Alba(1986), en la versión que escribiera Federico García Lorca; La rusa(1987), una novela de Juan Luis Cebrián ; Adosados(1996) sobre la novela de Félix Bayón; La ciudad de los prodigios(1999) sobre la novela de Eduardo Mendoza; y las historias diversas sobre las realidades que se perciben en la sociedad española de la época: un pasado político que atenaza al personaje (Sombras en una batalla,(1993), y los negocios ocultos ( El amor propio(1994) o la relación que se establece entre niños y adultos ( El color de las nubes(1997), entre otras.
La sobriedad, la contundencia con la que Camus abordó sus proyectos más notables fue difuminando en una corrección que dejó de interesar a muchos espectadores; en especial, a aquellos que disfrutaron con lo bueno de sus primeras películas, y que supieron reconocer la capacidad y eficacia artesanal en el trabajo con los actores. Camus se ha movido en el difícil terreno del llamado cine de autor, lo que le ha permitido desarrollar una trayectoria artística sin interrupción a lo largo de los años.
COMENTARIO.-
1984
LOS SANTOS INOCENTES
Director: Mario Camus
Fotografía: Hans Burmann
Música: Antón García Abril
Intérpretes: Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Juan Diego.
Paco, el Bajo, su mujer Regula y sus tres hijos, viven en una miserable cabaña en los linderos de un cortijo extremeño. Están al servicio de la despótica marquesa dueña de las tierras y de su heredero, el señorito Iván. A la familia de sirvientes se les unirá Azarías, el hermano deficiente de Regula, que ha sido despedido de un cortijo vecino.
Mario Camus, pionero del Nuevo Cine Español de los años sesenta, es el autor de una prolífica obra en la que destacan las adaptaciones de dos importantes novelas de la literatura española del siglo pasado. En 1982 adaptó La colmena de Camilo José Cela y en 1984 Los santos inocentes que Miguel Delibes había publicado dos años antes. Con la llegada al poder de los socialistas, la Dirección de la Televisión Española (coproductora del filme) recayó en la progresista Pilar Miró, que modernizó los medios audiovisuales y facilitó las ayudas que revitalizaron la producción cinematográfica española.
La adaptación de la novela del escritor Miguel Delibes obtuvo un enorme éxito de público para convertirse en la película española más taquillera hasta entonces, además de merecer numerosos premios internacionales. El equipo de guionistas fue fiel al espíritu de la obra original, pero se permitió ciertas rupturas en la línea temporal que acabaron por trasmitir un mensaje final algo más esperanzador que el de la novela. El gran fotógrafo Hans Burman supo dulcificar, con poética sobriedad, la gran crudeza de la trama.
Ambientada en los años sesenta, esta cinta se postula como una dura denuncia al sistema feudal que se mantuvo en algunas zonas rurales españolas hasta bien entrado el siglo XX. Los santos inocentes es junto a Furtivos, una de las obras maestras del drama rural, género español por antonomasia. Pero si en Furtivos los poderosos y los humildes comparten ciertos vínculos que los unen, en Los santos inocentes la factura social es tan fuerte que sólo se puede hablar de dominadores y esclavos. Frente a los crueles amos, Delibes y Camus presentan a unos seres sumisos (“A mandar, para eso estamos”) y sin esperanza para sus vidas. Pero la película ya apunta una solución: la educación. Paco y Regula se afanan en que sus hijos sanos estudien para escapar a la maldición del sometimiento. La ideología de Camus queda fuera de duda y no hay matices en la maldad de los villanos: rico igual a malo. El señorito Iván disimula el posible cariño que pueda sentir por Paco, su ayudante de cacería desde chico, con insultos y humillaciones de todo tipo.
El máximo representante de los desposeídos es el personaje de Azarías, Paco Rabal en una de sus más aplaudidas interpretaciones. El deficiente es el más libre de los sometidos. Desde su retraso mental venga a los suyos canalizando los catatónicos berridos de su sobrina, “la niña chica”, en un clímax digno de la España más negra.















