Xalapa, Veracruz, México. 19 de June de 2013      

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Cine


Los santos inocentes

José Luis Escalante Cordero.

Escena de la película  Los santos inocentes en donde aparecen los personajes desposeídos.

Escena de la película Los santos inocentes en donde aparecen los personajes desposeídos.

Mario Camus, director de cine español, nacido en Santander el 20 de abril de 1935.

Nada más terminada la Guerra Civil, inició sus estudios al tiempo que fue descubriendo el mundo del cine a partir de las sesiones que podía ver en los locales para tal fin en los lugares que vivía. El baloncesto fue el deporte que le abrió las puertas de Madrid, adonde marchó a estudiar Derecho. La revista italiana Cinema Novo orientó sus pasos hacia el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, la escuela de cine oficial de la época, a la que ingresó en 1956. Durante su estancia vio mucho cine, escribió todo lo que pudo y, especialmente, colaboró con Carlos Saura en el guion de la cinta Los golfos. Fue una época en la que su trabajo le alejaría del IIEC, en donde finalizaría su carrera en 1962 con una práctica que tituló El borracho, después de haber escrito, también, el guion del cortometraje Young Sánchez.

Mientras orientaba su línea artística, fue también definiendo los aspectos formales que le servirían de garantía personal. Su carrera un giro sorprendente con tres películas que alcanzaron notoriedad por su fuerza expresiva, el rigor en el planteamiento de los temas (en general de la postguerra española, vista desde diversos ángulos) y el trabajo general de puesta en escena, con un protagonismo indiscutible de unos actores que supieron engrandecer su oficio. En este sentido se debe tomar Los días del pasado (1977), con Antonio Gades y Pepa Flores en el mundo de los maquis que resisten el acoso policial en sus últimos tiempos; pero también las versiones de las obras de Camilo José Cela La colmena (1982) y de Miguel Delibes Los Santos inocentes (1982), de gran repercusión en España y en el extranjero, cosechando muchos premios. El espectador, en los tres casos, asistió con inusitado interés a la historia de unos personajes que eran espejo de muchos desconocidos que tuvieron que vivir en propia carne aquellos años del primer franquismo.

Superados estos años, Camus decidió, además de colaborar en guiones de coetáneos suyos, continuar con su línea personal que le llevó a La casa de Bernarda Alba(1986), en la versión que escribiera Federico García Lorca; La rusa(1987), una novela de Juan Luis Cebrián ; Adosados(1996) sobre la novela de Félix Bayón; La ciudad de los prodigios(1999) sobre la novela de Eduardo Mendoza; y las historias diversas sobre las realidades que se perciben en la sociedad española de la época: un pasado político que atenaza al personaje (Sombras en una batalla,(1993), y los negocios ocultos ( El amor propio(1994) o la relación que se establece entre niños y adultos ( El color de las nubes(1997), entre otras.

La sobriedad, la contundencia con la que Camus abordó sus proyectos más notables fue difuminando en una corrección que dejó de interesar a muchos espectadores; en especial, a aquellos que disfrutaron con lo bueno de sus primeras películas, y que supieron reconocer la capacidad y eficacia artesanal en el trabajo con los actores. Camus se ha movido en el difícil terreno del llamado cine de autor, lo que le ha permitido desarrollar una trayectoria artística sin interrupción a lo largo de los años.

COMENTARIO.-

1984

LOS SANTOS INOCENTES

Director: Mario Camus

Fotografía: Hans Burmann

Música: Antón García Abril

Intérpretes: Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Juan Diego.

Paco, el Bajo, su mujer Regula y sus tres hijos, viven en una miserable cabaña en los linderos de un cortijo extremeño. Están al servicio de la despótica marquesa dueña de las tierras y de su heredero, el señorito Iván. A la familia de sirvientes se les unirá Azarías, el hermano deficiente de Regula, que ha sido despedido de un cortijo vecino.

Mario Camus, pionero del Nuevo Cine Español de los años sesenta, es el autor de una prolífica obra en la que destacan las adaptaciones de dos importantes novelas de la literatura española del siglo pasado. En 1982 adaptó La colmena de Camilo José Cela y en 1984 Los santos inocentes que Miguel Delibes había publicado dos años antes. Con la llegada al poder de los socialistas, la Dirección de la Televisión Española (coproductora del filme) recayó en la progresista Pilar Miró, que modernizó los medios audiovisuales y facilitó las ayudas que revitalizaron la producción cinematográfica española.

La adaptación de la novela del escritor Miguel Delibes obtuvo un enorme éxito de público para convertirse en la película española más taquillera hasta entonces, además de merecer numerosos premios internacionales. El equipo de guionistas fue fiel al espíritu de la obra original, pero se permitió ciertas rupturas en la línea temporal que acabaron por trasmitir un mensaje final algo más esperanzador que el de la novela. El gran fotógrafo Hans Burman supo dulcificar, con poética sobriedad, la gran crudeza de la trama.

Ambientada en los años sesenta, esta cinta se postula como una dura denuncia al sistema feudal que se mantuvo en algunas zonas rurales españolas hasta bien entrado el siglo XX. Los santos inocentes es junto a Furtivos, una de las obras maestras del drama rural, género español por antonomasia. Pero si en Furtivos los poderosos y los humildes comparten ciertos vínculos que los unen, en Los santos inocentes la factura social es tan fuerte que sólo se puede hablar de dominadores y esclavos. Frente a los crueles amos, Delibes y Camus presentan a unos seres sumisos (“A mandar, para eso estamos”) y sin esperanza para sus vidas. Pero la película ya apunta una solución: la educación. Paco y Regula se afanan en que sus hijos sanos estudien para escapar a la maldición del sometimiento. La ideología de Camus queda fuera de duda y no hay matices en la maldad de los villanos: rico igual a malo. El señorito Iván disimula el posible cariño que pueda sentir por Paco, su ayudante de cacería desde chico, con insultos y humillaciones de todo tipo.

El máximo representante de los desposeídos es el personaje de Azarías, Paco Rabal en una de sus más aplaudidas interpretaciones. El deficiente es el más libre de los sometidos. Desde su retraso mental venga a los suyos canalizando los catatónicos berridos de su sobrina, “la niña chica”, en un clímax digno de la España más negra.

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Cine


VACAS

José Luis Escalante Cordero.

Escena de la película de Julio Médem  Vacas.

Escena de la película de Julio Médem Vacas.

Julio Médem, director de cine español, nace en la ciudad de San Sebastián el 21 de octubre de 1958. Licenciado en Medicina, comenzó a trabajar como crítico cinematográfico en varias revistas. Fue ayudante de dirección en largometrajes y series de televisivas, y rodó varios cortos en Super8 y 35mm., antes de su primera película, Vacas (1992) por la que recibió el Premio al Mejor Realizador Novel en 1993. Ha colaborado con la revista Casablanca y Cinema 2002. El 23 de enero de 1999 su película Los amantes de Círculo Polar, recibió dos premios Goya , al montaje y a la música original. La cinta Lucía y el sexo, también recibió un doble reconocimiento a la Academia española de cine con dos estatuillas en las categorías de música y actriz revelación (Paz Vega). La Universidad Ramón Llull de Barcelona concedió a Médem el Premio Mejor Comunicador 2001 por esta última película. Su siguiente trabajo, Pelota Vasca, la piel contra la piedra, una producción documental sobre el conflicto vasco, llegó a las salas de cine cargado de polémica, después de que dos participantes en la cinta mostraron su disconformidad con el trabajo del realizador donostiarra y pidieron al director la retirada de sus testimonios. A pesar de ello, fue nominada a los premios Goya al mejor documental.

COMENTARIO.-

Vacas

1992

País: España

Director: Julio Médem

Fotografía: Carles Gusi

Música: Alberto Iglesias

Intérpretes: Carmelo Gómez, Emma Suárez, Ana Torrent.

En lo alto de un monte, en el corazón del País Vasco, dos familias vecinas enfrentadas a lo largo de su historia. En plena guerra carlista, el joven Manuel Irigibel sobrevive a la encarnizada batalla en la que muere su vecino y enemigo. Ya entrado el siglo XX, Manuel envejece en el caserío mientras pasa los días pintado vacas junto a su nieta Cristina. Su hijo Ignacio, que se prepara para competir en un concurso de aitzkolari contra su rival, está secretamente enamorado de Catalina de la familia contraria. Un día, Ignacio y Catalina hacen el amor en el bosque. De ese encuentro nacerá Peru, un niño que se sentirá fuertemente atraído por su media hermana Cristina.

A principios de los años noventa del siglo pasado el cine español se encontraba en un momento de cambio. Superado ya el cine de la Transición y con un Pedro Almodóvar en horas bajas, se respiraba la necesidad de sabia joven. De entre todos los nombres de la misma hornada, el de Julio Médem resonó con gran fuerza. Vacas, su ópera prima, resultaba rompedora de su personal estética al servicio de una narración arrebatada propia de un novicio, pero con el aplomo de un cineasta con recorrido. Con una sola película, la crítica ya encumbró a Julio Médem hasta situarlo a la altura de Carlos Saura y Víctor Erice, considerados los dos autores por antonomasia del cine español.

Médem impregna su película de un cierto realismo mágico. Por un lado, enrarece la atmósfera con un tempo narrativo inusual, acentuado por una banda sonora densa y abrasiva. Por otro, se instala en el corazón del bosque para retratar, con respeto y rigor antropológico, una forma de vida muy concreta: la del mundo rural vasco.

Vacas trata sobre el amor perseguido por el destino, un tema recurrente en el cine del director vasco, y que alcanzaría su máxima expresión en la geométrica cinta Los amantes del Círculo Polar( 1998). Médem se sumerge con gran precisión en el terreno de la emoción y la recorre en cada una de sus facetas: desde el horror de la sangre a la belleza de una nuca mecida por la suave brisa. Esta última imagen pertenece a la secuencia en la que el joven Peru contempla extasiado a su hermana Cristina. El abuelo, que se percata, le dice a su nieta : “ Puede mirar todo lo que quiera “.

Los ojos oscuros, profundos e inexpresivos de las vacas – testigos del paso del tiempo¬ – se convierten en el hilo conductor de la historia. Así, la mirada se erige en el elemento primordial con el que Médem juega continuamente: los caseríos de las familias enfrentadas están separados por un bosque, pero se ven de un lado al otro del valle; Peru mira el mundo a través de la cámara fotográfica que lleva siempre consigo. De la misma manera, Médem parece contarnos su fascinante película acodado en la ventana de un caserío desde que observa a las vacas pastar en el prado que esconde la fotografía de la mujer amada.

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Cine


La buena estrella

José Luis Escalante Cordero.

Antonio Resines y Jordi Mollá, en una escena de la cinta La buena estrella.

Antonio Resines y Jordi Mollá, en una escena de la cinta La buena estrella.

Ricardo Franco Rubio. Director, productor, guionista y actor de cine español nació en Madrid el 24 de mayo de 1949 y fallecido en su ciudad natal el 20 de mayo de 1998.

Sobrino del cineasta Jesús Franco Manero, se sintió atraído por el cine y la literatura desde su infancia. Cursó sus estudios de bachillerato en el prestigioso Colegio Británico de Madrid, al que asistían también sus primos, los futuros escritores Miguel y Javier Franco, y pasó luego a estudiar diferentes carreras universitarias, como Derecho, Filosofía y Medicina.

Pero su inclinación hacia el cine era mucho más fuerte que su interés por cualquiera de estas materias, por lo que, sin llegar a concluir ninguna de ellas, abandonó sus estudios para adentrarse en la industria del celuloide de la mano de su tío, quien le contrató en calidad de ayudante de dirección. Fue así como comenzó a relacionarse con un grupo de jóvenes cineastas madrileños que pronto fueron conocidos bajo la denominación colectiva de “Escuela cinematográfica de Argüelles”.

En el seno de esta agrupación encontró el apoyo necesario para realizar su primer trabajo como director, un cortometraje titulado Góspel, el monstruo (1969). Al año siguiente, alentado por las buenas críticas que había recibido por esta ópera prima, consiguió rodar su primer largometraje, El desastre de Annual (1970), es un polémico filme que llegó a estrenarse por motivos políticos, ya que en él expresaba una dura visión crítica de la reciente historia de España que no fue del agrado de la Junta de Censura.

Desanimado por estas dificultades políticas, Ricardo Franco se dedicó a rodar una serie de cortometrajes experimentales de gran interés, todos ellos caracterizados por un feísmo intencionado que buscaba llamar la atención del espectador por medio de audaces recursos estéticos. Estos trabajos no pasaron inadvertidos para el productor Elías Querejeta, quien le brindó la oportunidad de volver a rodar un largometraje: la versión cinematográfica de la novela de Camilo José Cela La familia de Pascual Duarte que fue estrenada en 1975 bajo el título de Pascual Duarte. Ricardo Franco se apuntó un éxito notable con ésta película, que traspasó las fronteras nacionales cuando su protagonista masculino, José Luis Gómez, fue galardonado con el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes en 1976.

Con este filme, Franco Abandonaba sus anteriores tendencias experimentales para adaptar un duro y crítico realismo que había de caracterizar sus siguientes producciones si bien no se alejaba mucho del feísmo de sus cortometrajes más recientes, pues el tremendismo del texto de Cela está emparentado con esta tendencia estética.

El director madrileño volvió a ser seleccionado en el Festival de Cannes por su película Los restos del naufragio (1977) protagonizada por él mismo. A partir de entonces, desplegó una intensa labor cinematográfica jalonada, entre otros honores y distinciones, con una Mención Especial en el Festival de Cannes (1995) por Después de tantos años; el premio Ondas al Mejor Director (1997); y cuando se hallaba en la plenitud de su carrera, tras el éxito de crítica y público que había alcanzado con La buena estrella (1997), Franco acometió la realización de otro ambicioso proyecto, Lágrimas Negras. Pero nunca llegó a ver concluido este filme, pues un repentino infarto al miocardio le arrebató la vida de forma fulminante cuando se hallaba en pleno rodaje.

COMENTARIO.-

La buena estrella

1997

Dirección: Ricardo Franco

Fotografía: Tote Trenas

Música: Eva Gancedo

Intérpretes: Antonio Resines, Maribel Verdú, Jordi Mollá, Ramón Barea.

Rafa, un carnicero de barrio, vuelve de madrugada del matadero cuando se encuentra en la calle con una chica, Marina, a la que su compañero Daniel le está dando una paliza. El agresor huye y Rafa se lleva a Marina a su casa después de pasar por el hospital.

Nace así un triángulo que, además de la suma de tres personas, es el choque de dos mundos. Por una parte, Rafa, un cincuentón soltero, castrado a consecuencia de un accidente, que vive con las persianas bajadas y cuya vida se reduce a trabajar en la carnicería, jugar ajedrez con el cura del barrio y salir al campo los domingos con una pareja amiga. Los otros dos ángulos los ocupan Daniel y Marina, la tuerta desde niña y embarazada de Daniel, que se conocieron en un orfanato. Todo lo que es orden en la vida de Rafa es desorden en la de los otros dos protagonistas; entradas y salidas del hospicio, temporadas de Daniel en la cárcel, trapicheos. En casa de Rafa, Marina parece encontrar un refugio en el que nacerá su hija, a la que ponen por nombre Estrella y a la que Rafa reconoce como hija suya. Marina, no obstante, advierte: Daniel volverá. Un día, en efecto, Daniel sale de la cárcel y termina llamando, mal herido por una paliza, a la puerta de Rafa. Se instala en la casa por unos días que se convierten en semanas. La tensión se corta. Daniel no quiere ataduras pero ronda a Marina. Rafa quiere a Marina pero necesita que ella elija. Y Marina los quiere a los dos. Cuando Rafa le dice que eso es imposible, ella, en uno de los diálogos clave de la película, contesta: “Por qué es imposible? A mí me pasa”

La buena estrella es casi una película de cámara (pocos actores, pocos escenarios) cuya fuerza reside en la soberbia interpretación de sus actores. Destaca, por la dificultad de componer un personaje verosímil el trabajo de Jordi Mollá (al que estaba originalmente destinado el papel de Antonio Resines). Desde el aspecto físico hasta los mínimos gestos, todo contribuye a hacer creíble en el papel de vendedor de cosas de metal barato a un actor hasta entonces acostumbrado a interpretar roles de niño refinado, adinerado… (Jamón jamón, Historias del Kronen).

Un guion medido al milímetro sustenta una película levantada sobre escenas en la verosimilitud se juega en cada réplica. Quizás las únicas flaquezas residan en el epílogo del filme y en la voz en off que cierra la historia.

Basada en hechos reales, La buena estrella supuso la consagración popular de Ricardo Franco, que había dirigido títulos como El desastre de Annual (1970), Pascual Duarte (1975), El sueño de Tánger y Después de tantos años (secuela de 1994 de la mítica El desencanto, la obra de Jaime Chavarri sobre los hermanos Panero). Tras La buena estrella filmó Lágrimas negras que se estrenaría de forma póstuma. Junto a Franco, firma el guion Ángela González Sinde, que hace una breve aparición en la cinta y que más tarde debutaría como directora en el filme La suerte dormida(2003), a la que seguiría Una palabra tuya(2008).

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LA HISTORIA OFICIAL

José Luis Escalante Cordero

Lidia Catelano como la niña Gaby y Norma Aleandro (ganadora del premio mejor actriz) en la cinta La historia oficial de Luis Puenzo.

Lidia Catelano como la niña Gaby y Norma Aleandro (ganadora del premio mejor actriz) en la cinta La historia oficial de Luis Puenzo.

Luis Puenzo, director de cine. Nace el 19 de febrero de 1946 en la localidad de Floresta, Argentina.

Educado en el seno de una familia llena de inquietudes ajenas a lo que eran sus respectivas profesiones, el cine se convirtió en uno de los mayores entretenimientos infantiles de Luis Puenzo, hasta el extremo de que con motivo de su cumpleaños le fue regalado un proyector de 16 milímetros. Tras un fugaz paso por una escuela militar, de la que sería expulsado a causa de su mala conducta, acabó trabajando como dibujante en una agencia publicitaria. Su encuentro entonces con Alejandro Castro marcó un punto de inflexión en su vida, puesto que fue aprendiendo los rudimentos de la técnica cinematográfica de la mano de uno de los prestigiosos cineastas publicitarios. Apenas un año más tarde, se independizó para crear la empresa Luis Puenzo Publicidad, que gracias al éxito cosechado con uno de sus primeros anuncios, se convirtió en una de las más reputadas del país, posición que mantuvo por espacio de casi dos lustros. Sin embargo, los proyectos cinematográficos que intentó poner en marcha durante esos años naufragaron antes de comenzar el rodaje, entre ellos uno con el grupo humorístico-musical, por lo que Puenzo no pudo debutar en este campo hasta 1973, con Luces de mis zapatos. Esta película infantil, protagonizada por el cómico Pipo Pescador, resultaría un fracaso en las taquillas, el cual tendría su continuación en el largometraje en episodios Las sorpresas.

El desinterés del público por las propuestas cinematográficas de Luis Puenzo, unido a la crisis institucional argentina de aquellos años, con el recrudecimiento de la censura, le llevó a replantearse su carrera. Durante cerca de diez años se mantuvo alejado del cine, hasta que la crisis provocada por la guerra de Las islas Malvinas le indujo a elaborar un guión sobre aquellas personas que han permanecido en Argentina soportando los abusos del régimen militar en el poder. Surge ahí La historia oficial, película galardonada con el Oscar como la Mejor Película en Lengua Extranjera y con la Palma de Oro a la mejor interpretación Femenina del Festival de Cannes. El filme se centraba en los númerosos hijos de desaparecidos a quienes los militares, tras torturar y asesinar a sus padres, habían adoptado, y generó una fuerte polémica en Argentina, donde las heridas de este genocidio permanecían abiertas.

El éxito de la película La historia oficial llevó a Puenzo hasta Hollywood, donde trabó contacto para filmar el retrato del choque entre las comunidades anglosajonas e hispana durante la Revolución mexicana en la cinta Gringo viejo en una superproducción a la antigua usanza. No obstante la película tuvo una recepción popular moderada, lo que vino en parte provocado por el hecho de que el británico David Puttman, uno de los mentores del proyecto, dejase de ser cabeza visible de la productora Columbia.

De vuelta a Argentina, Puenzo comenzó a elaborar el guión de lo que finalmente será La peste, una de las obras cumbres de la narrativa existencialista. La cinta planteaba un enorme reto, máxime al contar con un reparto de estrellas internacionales que hablaban en diferentes idiomas y trasladar la acción a una ciudad latino americana indeterminada. Protagonizada por William Hurt, Jean Marc Barr y Robert Duvall, suscitó la habitual división de opiniones entre los defensores de la pureza en las adaptaciones literarias, hasta el punto de que Puenzo acabó montando una doble versión de diferente metraje, una más corta que sería exhibida en las salas comerciales y otra para su pase en festivales internacionales, filmotecas y cines especializados.

Además de su productora, Historias Cinematográficas, y con el empuje, el autor de Gringo viejo, La Peste y La puta y la ballena alienta también a Puenzo Hnos., empresa que conducen sus hijos Esteban, Nicolás y Sebastián, y que produce cine publicitario para el exterior, con efectos digitales que les provee a la también propia factoría 3 D N, y la flamante Escuela Argentina de Artes y Oficios Cinematográficos, que comanda.

COMENTARIO

LA HISTORIA OFICIAL

País: Argentina

Dirección: Luis Puenzo

Fotografía: Félix Monti

Música: Atilio Tampone

Intérpretes: Héctor Alterio, Norma Alejandro, Hugo Arana, Guillermo Battaglia, Chela Ruiz.

Argentina, marzo de 1983, La guerra de las Malvinas concluyó unos meses atrás. La última de las juntas militares que tomaron el poder por la fuerza en 1976 inicia su agonía. Alicia una profesora de historia casada con un hombre de negocios no muy claros comienza a despertar de un letargo que coincide en el tiempo con los años de la dictadura. Tras el reencuentro con una vieja amiga, que regresa del exilio, en su mente se instala la sospecha de que Gaby, su niña de 5 años adoptada, sea hija de una mujer desaparecida. Las ansias de saber, ayudadas por el preámbulo de la apertura democrática, le llevan a enfrentarse cara a cara con las víctimas del horror engendrado por el terrorismo de Estado, Su vida da un vuelco dramático y se convierte en un infierno, del que intenta preservar a la pequeña. Un infierno por el que pedirá cuentas a su entorno más cercano y también a su propia conciencia

Desde el momento que decidió titular esta película La historia oficial, Luis Puenzo adoptó una postura política. La concreción del proyecto – para el cual fue determinante la colaboración de las Abuelas de Plaza de Mayo – no estuvo exenta de dificultades y riesgos, como las amenazas recibidas por algunos de sus participantes o los rodajes clandestinos. El filme fue estrenado con una discreta respuesta de público en abril de 1985, y sólo remontó la taquilla después de que su protagonista femenina, Norma Aleandro, consiguiera el Premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes, y Luis Puenzo se llevara el Premio del Jurado en el mismo Festival. Pero fue la concesión del Oscar a la mejor película de habla no inglesa lo que terminó por convertirla en un gran éxito de público y en uno de los hitos del cine argentino de la pos dictadura. Sea por azar, o no, el equipo de La historia oficial recibió la estatuilla el 24 de marzo de 1986, día en que se cumplían exactamente diez años del golpe de Estado en la Argentina. Ese Oscar fue el primero conseguido por el cine latinoamericano y el segundo por un filme hablado en español, después de Volver a empezar (1983), de José Luis Garci.

Filmada con una sólida factura técnica–deudora del largo oficio de Puenzo como realizador publicitario—y sobre la base de un guion acertado, aunque a veces algo maniqueísta, surgido de la pluma del propio director y de Aída Bortnik – una de las guionistas más prolíficas y premiadas en la cinematografía argentina –.La historia oficial es una película en la que se combinan reflexión y didactismo con buen cine clásico .La narración sigue paso a paso la estructura de planteamiento – nudo desenlace para poner al descubierto la existencia de una historia, la no oficial, que se mantiene oculta por el efecto de la represión o que no puede ser vista por quienes tienen la mirada sesgada por hallarse en el ojo del huracán. Unas efectivas y conmovedoras actuaciones dan cuerpo a un coro de personajes que, con un registro naturalista, confirman o refutan sus creencias sobre el bien y el mal en relación al poder político y a los efectos.

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TODO SOBRE MI MADRE

José Luis Escalante Cordero.

Escena de la película de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre

Escena de la película de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre

En marzo de 1988, Pedro Almodóvar estrenó su cinta Mujeres al borde de un ataque de nervios. En estos momentos el director manchego era ya un cineasta reconocido en España y en círculos cinéfilos europeos, pero esta película supuso su consagración mundial. Hasta ese momento era conocido como un cineasta provocador, melodramático y popular; el nuevo filme, sin embrago, resultó ser una incursión de Almodóvar en la comedia sofisticada.

Desde su cinta ¡Átame (1989) hasta Carne trémula (1997) la obra de Almodóvar siguió moviéndose por los recovecos de la soledad, la crisis personal (femenina), la doble personalidad. Es un cine de experiencias, en donde cada personaje parece respirar a flor de piel, sin olvidar los abundantes elementos envolventes siempre en forma de collage, que delimitan cada acción. La independencia en la producción le permitió, con los años, situar sus películas entre las más taquilleras del cine español, enfrentando a menudo a una industria que ha intentado marginarle, sin lograr socavar su posición de privilegio. Cuando los premios le fueron denegados en su propio país, obtuvo importantes y numerosos galardones en el extranjero, que se prolongaron en muestras, homenajes y seminarios universitarios en torno de su obra. Desde mediados de los años noventa del siglo pasado, su productora ha arropado trabajos ajenos, permitiendo que algunos directores pudieran dar el salto a la gran pantalla.

Junto a Mujeres…, entre sus películas premiadas figuran Todo sobre mi madre (1999), con la que ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Cine de Cannes, siete premios Goya (entre ellos la de mejor película y mejor dirección), el Premio del Festival de Palm Springs, el de la crítica de Nueva York y Los Ángeles, el Globo de Oro a la mejor película extranjera, el César francés, el Oscar de Hollywood y el David de Donatello en Italia.

COMENTARIO.-

Todo sobre mi madre

País: España

Año: 1999

Dirección: Pedro Almodóvar

Fotografía: Alfonso Beato

Música: Alberto Iglesias

Intérpretes: Cecilia Roth, Penélope Cruz, Marisa Paredes, Fernando Fernán-Gómez

Tras perder a su único hijo, Manuela siente la necesidad de darle la noticia al padre del chico. Por eso, vuelve a Barcelona, de donde huyó embarazada hace dieciocho años. Allí se reencuentran con su pasado, hace nuevas amistades y halla motivos para seguir viviendo.

A mucha gente le entristecería ver de seguido las películas de John Cassavettes, porque asistiría, en apenas unos días, al envejecimiento acelerado de la gran Gena Rowlans. Algo similar pasaría en la filmografía de Almodóvar. Sus chicas – Carmen Maura, Cecilia Roth, Loles León o Marisa Paredes—se han convertido, con el tiempo, en mujeres. Siguen sufriendo el desamor con la misma intensidad que al principio, pero se preocupan también por la maternidad, el paso del tiempo o la muerte. Igual que sus actrices y sus personajes – línea casi indivisible en la obra de este director –, el cine de Almodóvar ha madurado con el tiempo hasta alcanzar su cima creativa con Todo sobre mi madre.

Las mujeres sufrientes de todas sus películas se unen aquí para crear un universo exclusivamente femenino. Los únicos hombres que aparecen, o bien mueren o bien desaparecen para volver convertidos en mujeres. Así pues, el filme es un homenaje a ellas, especialmente a aquellas que, sin ser actrices, han tenido que interpretar para evitar tragedias en su familia. Como decía Federico García Lorca, España es un país de grandes actrices. Por eso, en esta cinta las porteras están al mismo nivel que las estrellas de Hollywood como Bette Davis, Romy Schnaider o Lana Turner.

En Todo sobre mi madre el cine ya no aparece únicamente a través de referencias, sino que adquiere el papel protagonista. El cine ha sustituido a la vida, creando un sugerente juego de representaciones. Manuela, por ejemplo, se convierte en actriz involuntaria en varias secuencias: interpreta a Stella en la función de Un tranvía llamado deseo, invocando así a la Eva Harrington de Eva al desnudo, o se convierte en actriz improvisada en un taller del hospital sobre cómo informar a los familiares de un fallecido.

Esta idea estaba ya en La flor de mi secreto. El personaje de Cecilia Roth es una continuación del que Kyti Manver interpretó en aquella película. He aquí otro de los procesos que culmina Todo sobre mi madre: el juego de referencias cruzadas al propio cine de su autor. Almodóvar es ya un sello, un universo tan reconocible que ni siquiera necesita su nombre – en los créditos aparece directamente “un filme de Almodóvar “–. Su excesivo imaginario también es llevado aquí hasta el límite, sin miedo a realizar un fascinante ejercicio de honor vacui. Su sofisticación visual es sorprendente y cada uno de sus planos son una exhibición de estampado kitsch o colores saturados. Almodóvar explota también su habilidad de funambulista en la narración. Enreda, inventa y falsea a su antojo, consciente de que su gran arma es la fuerza que desprenden sus historias.

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FURTIVOS

José Luis Escalante Cordero

Lola Gaos en primer plano de una escena de la cinta Furtivos

Lola Gaos en primer plano de una escena de la cinta Furtivos

José Luis Boreau nace el 8 de agosto de 1929 en Zaragoza, España. Realizó sus primeros estudios en el Colegio San Agustín de Zaragoza, ciudad en la que comenzó a estudiar Derecho en 1949. Tras trabajar durante un corto periodo como crítico de cine en el periódico El Heraldo de Aragón estudió desde 1957 en la Escuela Oficial de Cinematografía en Madrid, carrera que terminó con el corto En el Rio en 1960.

Se le consideró como la gran esperanza del “nuevo cine español” en los años 60. Sin embargo, mientras sus contemporáneos hacían un cine psicológico, él siguiendo las modas de Hollywood, se dedicó al Spaghetti Western (Brandy, (1963), Crimen de doble filo (1965), con poco éxito comercial.

Fundó en 1967 su propia productora El Imán. Durante diez años filmó sobre todo anuncios y produjo películas de otros. Además, trabajó como profesor de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Su primera película bajo control propio es el thriller político Hay que matar a Bi (1974), que puso de relieve, por primera vez, su estilo preciso y minucioso en la dirección, la construcción de la historia y el montaje. Este filme contó con un reparto internacional que incluía a las estrellas norteamericanas Burgess Meredith y Patricia Neal.

Su éxito comercial lo tuvo en 1975 con el drama Furtivos, que actualmente se considera como uno de los mejores ejemplos del último cine franquista. Sobre todo impresiona la escenografía visual de la trama en los bosques de los alrededores de Madrid. La película obtuvo en 1975 la Concha de oro del Festival de Cine de San Sebastián y el premio a la mejor película en lengua española.

En 1979 estrena su cinta La sabina, una historia de pasión y superstición que transcurre en tierras andaluzas. La coproducción con Suecia permite sumar al reparto a conocidos actores extranjeros.

En 1984, fue director de la coproducción hispano—norteamericana Rio Abajo con Daniel Carradine y Victoria Abril, que no obtuvo la repercusión esperada. Borau pudo desquitarse de este relativo fracaso cosechando un éxito de público y crítica en 1986 con Tata mía (Con Imperio Argentina y Carmen Maura), entre otras cosas alcanzó una nominación para los Goya como mejor guion y filmó en 1997 Niño nadie.

En 1993 filmó la serie de televisión Celia, basándose en las historia de Elena Fortin. Con la idea de sólo escribir los guiones y producir los capítulos, acabó por dirigir parte de la serie. La serie tuvo éxito de público y crítica en la televisión española.

De 1994 a 1999 fue presidente de La Academia de las Artes y Las Ciencias Cinematográficas de España, desde la que dirigió la elaboración y edición del Diccionario de Cine Español en 1998. En 1995 fundó su propia Editorial, Ediciones El Imán, dedicada principalmente a la cinematografía…

En el año 2001, obtuvo con su película Leo (2000) el premio Goya a la mejor dirección. Además. Ganó el premio especial del jurado del Festival de Málaga el Premio Fotogramas de plata. En Febrero de 2008 fue nombrado académico de la Real Academia Española, cubriendo la vacante de Fernando Fernán Gómez. La contestación de su discurso de incorporación corrió a cargo de Mario Vargas Llosa .El 22 de noviembre de 2012se presentó su libro Borau, la vida no da para más, un acercamiento a su obra por parte de Bernando Sánchez Salas. Un día después fallecía en Madrid a la edad de 83 años.

COMENTARIO.-

País: España

FURTIVOS (1975)

Director: José Luis Borau

Fotografía: Luis Cuadrado

Música: Vainica Doble

Intérpretes: Lola Gaos, Ovidi Montiflor, Alicia Sánchez

Ángel, taciturno cazador furtivo, vive junto a su tiránica madre, Martina, en el corazón del bosque. La llegada a la casa de Milagros, una joven huida del reformatorio, coincide con la visita del gobernador civil, hermano de leche de Ángel. Las relaciones entre los personajes, marcados por la sumisión, la posesión y el incesto, desencadenarán la tragedia.

Un bosque y Lola Gaos. Borau partió de estos dos elementos para elaborar un filme que, más allá de su condición de película – bisagra entre el franquismo y la Transición es, ante todo, una de las obras maestras del cine español. Estrenada dos meses antes de la muerte de Francisco Franco, su enfrentamiento con la censura la convirtió en símbolo político en ejemplo de resistencia frente a un régimen agonizante. La crítica y el público la apoyaron sin fisuras: ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y reventó taquillas.

En una época en la que no se podía llamar a las cosas por su nombre, Borau y su coguionista, el director Manuel Gutiérrez Aragón, construyeron un filme que, bajo la apariencia de un drama rural, ocultaba en sus entrañas un furibundo ataque al régimen franquista. Partiendo de una sórdida trama propia de la crónica negra, se describe un sistema caciquil basado en el abuso institucionalizado y una amoral obsoleta y asfixiante. Sin embargo, más allá del valor coyuntural, mismos del poder y la sumisión. Furtivos es una alegoría sobre la violencia y la opresión ejercida en varios ámbitos: social, político y familiar. Una fábula sobre esos “furtivos” que viven al margen y que acaban siendo perseguidos y cazados, como esos lobos que caen en los cepos o los ciervos que el gobernador mata por diversión.

Alejándose del criticismo del llamado cine metafórico, Borau narra esta tragedia rural con un estilo conciso y directo, tan seco como la historia que está contando. La excelente fotografía de Luis Cuadrado consigue crear una atmósfera claustrofóbica incluso en exteriores. Ejemplo de ello es ese bosque húmedo y asfixiante que, para el director, simboliza la España atávica, primitiva, a la que pertenece Martina.

Borau y Gutiérrez Aragón escribieron el personaje de Lola Gaos tras verla interpretar a Saturna en Tristana de Luis Buñuel. Tomando como referente Saturno devorando a sus hijos, de Goya, construyeron un personaje tan oscuro como las obras del pintor aragonés: Una Medea rural que devora a su hijo, si no física, si anímicamente. Apoyada en su peculiar físico, la actriz recrea impecablemente a la madre incestuosa y cruel, seca “como un sarmiento”, de aspecto cadavérico, mirada salvaje y voz ronca. Hiela la sangre, ya sea matando a golpes a un lobo o aceptando estoicamente su destino con un rotundo “Hazlo ya, jodío! En este bosque oficialmente “pacífico” en el que, aparentemente, nunca pasa nada, los cadáveres se descomponen ocultos bajo la hojarasca, o cubiertos por la nieve.

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MI QUERIDA SEÑORITA

José Luis Escalante Cordero

Jaime de Armiñan nace en Madrid, el 9 de marzo de 1927, escritor, novelista, autor teatral, director y guionista cinematográfico y televisivo español.

De Armiñan nació en el seno de una familia de artistas, políticos y escritores. Su abuela y su madre eran respectivamente las actrices Carmen Cobeña y Carmita Oliver; su abuelo el dramaturgo y escultor Federico Olivier y su padre el periodista y gobernador civil Luis Armiñan. Se licencia en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Sus primeros pasos en el mundo del arte, se remontan a su labor como articulista en publicaciones como Fotos y Dígame, a la vez que sus incursiones en el campo del drama teatral le llevan a escribir Eva sin una manzana en 1953, Sinfonía acabada en 1955 y Nuestro fantasma en 1956.

Comenzó en el mundo de la televisión desde sus primeras emisiones en España en 1957, siendo uno de los principales responsables de programas de ficción durante casi dos décadas. También escribe guiones para el cine sobre todo con el director José María Forqué, colaborando en las cintas La becerrada (1962) y Yo he visto la muerte (1965).

A finales de la década de los sesenta, Jaime de Armiñan debuta como director cinematográfico con la cinta Carola de día, Carola de noche (1969) y va consolidando su propio estilo hasta estrenar Mi querida señorita (1971), película escrita junto con José Luis Borau, con la que consiguió la candidatura en los Oscar de Hollywood. La película aborda la temática del amor heterodoxo y las vidas marginales, elementos comunes a lo largo de su filmografía que se repitiera en películas como El amor del capitán Brando(1974), Al servicio de la mujer española(1978), El nido(1980) – nuevamente designada para el Oscar – o Stico(1984), película en que se plantea el conflicto dispar de un catedrático de Derecho Romano que, incapaz de vivir con cierta autonomía su vida diaria, se ofrece como esclavo a uno de sus peores alumnos.

A finales de los años ochenta, vuelve a la televisión con series populares y exitosas como Juncal (1988) y Una gloria nacional (1992), interpretada por Francisco Rabal. Después de rodar Al otro lado del túnel (1994), regresaría a la dirección en el año 2008 con 14, Fabián Road, que protagonizarían Julieta Cardinali, Ana Torres y Ángela Molina y que apenas tuvo recorrido comercial.

COMENTARIO

País: España

MI QUERIDA SEÑORITA (1971)

Dirección: Jaime de Armiñan

Fotografía: Luis Cuadrado

Música: Rafael Ferra

Intérpretes: José Luis López Vásquez, Julieta Serrano, Antonio Ferrandis, Mónica Randall.

Adela, una solterona de provincia que trabaja ocasionalmente como costurera, vive acompañada de su asistente Isabelita con el pesar de no haber mantenido nunca una relación con un hombre. Un día, un empleado de banca del pueblo, viudo y con sus hijas ya mayores, le pide el matrimonio con la idea de hacerse mutua compañía. Con la proposición, a Adela le resaltan las dudas pues sospecha que en ella hay algo extraño. A instancias de un cura visita a un médico, que le confirma lo que ella siempre intuyó: Adela, en realidad es un hombre. Comienza entonces una nueva vida como Juan, un cambio de identidad que no le resultará nada sencillo.

El tema de la transexualidad se asomó al cine español por primera vez con esta curiosa película sobre un hombre que creció pensando que era una mujer. Lejos de tratar el tema de forma bufa o chabacana, Jaime de Armiñan planteó Mi querida señorita con gran delicadeza, con humor fino que se entremezclaba a la perfección con el drama. A pesar de los inconvenientes que un principio puso la censura a una temática tan alejada de los gustos del régimen franquista, la sexta versión del guion obtuvo finalmente el permiso del rodaje.

José Luis López Vázquez, cómico clave en los años cincuenta y sesenta (décadas en las que había trabajado, entre otros, a las órdenes de Luis García Berlanga y de Marco Ferreri) se convirtió en rostro perenne del cine español gracias al cambio de registro dramático iniciado en El bosque del lobo (1970) de Pedro Olea. Pero fue su magnífica interpretación de Adela/Juan en mi querida señorita la que le abrió definitivamente las puertas a otro tipo de películas como Carta de amor de un asesino (1972) de Francisco Regueiro o La prima angélica (1973) de Carlos Saura. Su papel de travestido en la ignorancia, apuntalado mediante pequeños gestos y soterradas miradas, resultó brillante y conmovedor. La sobriedad desde la que se construyó el personaje contrasta con la energía de Julieta Serrano y se contrapone al manierismo hilarante de Aldo Landa en su doble rol de macho y homosexual en No desearás al vecino del quinto (1970).

Mi querida señorita se abre con el rostro de Adela en un espejo mientras Isabelita termina de vestirla. Esta imagen es la que mejor define una película que está planteada a través de la dicotomía del sexo de su protagonista. Si la primera parte se centra en Adela y termina con un crescendo musical que acompaña el descubrimiento de su verdadera naturaleza, la segunda lo hace en Juan, cuya primera imagen es también ante un espejo. Mi querida señorita se divide en esas dos partes simétricas, parábolas de la imagen y el reflejo de una misma persona.

El final de Mi querida señorita con Isabelita confesando que siempre supo que Juan y Adela eran la misma persona, resulta tan transgresor como la última secuencia de Una Eva y dos Adanes de Billy Wilder, otra película sobre el travestismo que – mediante la conocida réplica de “ nadie es perfecto” – abría la puerta de la aceptación.

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EL SOL DEL MEMBRILLO

José Luis Escalante Cordero

Escena de la cinta El sol del membrillo

Escena de la cinta El sol del membrillo

Víctor Erice nació en Carranza (Vizcaya) en 1940. Con pocos meses se trasladó con su familia a San Sebastián, donde vivió hasta los diecisiete años. Tras acabar el bachillerato se afincó en Madrid.

Allí estudió Ciencias Políticas y Derecho en la Universidad Central y después entró a estudiar en el instituto de investigaciones y experimentación cinematográfica (1961). Con sus primeros proyectos cinematográficos hace crítica de cine en diversas publicaciones. También trabaja en diversos oficios cinematográficos, por ejemplo, de guionista para Miguel Picazo, en Oscuros sueños de Agosto y Antonio Eceiza en El próximo otoño y como actor en Antoñito vuelve a casa, de Manuel Revuelta.

En 1963 su proyecto de fin de carrera, el medio metraje Los días perdidos, representa a la Escuela Cinematográfica Española en el XI Festival Cinematográfico de San Sebastián.

En 1969 participa para un segmento en el largometraje colectivo Los desafíos.

En 1973 realiza su primera película en solitario: El espíritu de la colmena, inicialmente una película de terror de encargo. Debido a la falta de medios, se convierte en una obra más personal y menos ceñida al género fantástico. La película resultó ganadora en el festival de cine de San Sebastián. Después de estrenar su película, Erice se dedicó un tiempo a la realización publicitaria.

Más adelante conocerá a la escritora Adelaida García Morales, con la cual mantendrá una relación de pareja durante varios años, que en lo artístico dará como resultado El sur (1982), la película basada en un relato publicado en la editorial Anagrama. El sur fue presentada con gran éxito en el Festival de Cannes y ganó varios premios en otros festivales como el en el de Chicago y Sao Paulo. Tras la película, Erice baraja varios proyectos, incluyendo una adaptación de Jorge Luis Borges, uno de ellos, La muerte y la brújula, finalmente adaptado por Carlos Sura, y el cuento Bene, de Adelaida García Morales.

Su tercer y último largometraje hasta la fecha es el Sol del membrillo, un retrato documental del pintor realista Antonio López; premiada en Cannes y Chicago y elegida varias veces como una de las mejores películas de la historia del cine español.

Con la celebración de la capitalidad europea de la ciudad de Guimarães en 2012, una serie de realizadores participan en una nueva película episódica con el título provisional de Historia del cine. Erice dirige uno de los mediometrajes en el también colaboran Aki Kaurismäki y los portugueses Pedro Costa y Manoel de Oliveira. La cinta trata de la cuestión central de la memoria histórica. Su episodio, titulado vidrios partidos de media hora de duración, explora Rio Vizela, una de las mayores fábricas textiles de Europa y las vidas de loa trabajadores que pasaron por ella.

La película colectiva, finalmente titulada Centro histórico, fue presentada en el Festival de Roma de 2012.

COMENTARIO-.

El sol del membrillo

País: España

Director: Víctor Erice

Fotografía: Javier Aguirresarol

Música: Pascal Gaigne

Intérpretes: Antonio López, María Moreno, Enrique Gran, José Carretero.

El artista Antonio López pinta un membrillo cuando la luz resalta su máximo esplendor. En este making off de un cuadro vemos cuanto sucede alrededor del pintor: las visitas de su mujer y sus amigos, las reformas de los obreros en su taller y la cotidianidad del barrio.

Pocas películas han mostrado de forma tan precisa el proceso creativo como El sol del membrillo. Pero por encima de su valor documental está su revolucionaria propuesta sobre la relación entre el arte y la realidad. Víctor Erice parte de la pintura para reflexionar sobre el cine – proceso similar al que Portabella hizo con una película ajena en Vampir – Cuadecuc –. Como heredero de lo pictórico, el soporte cinematográfico perfeccionó algunas de sus limitaciones – captar el movimiento y el sonido –, pero también impuso barreras a la hora de acceder al mundo. Así. Parece que tanto López como Erice se marcan un objetivo imposible: pintar algo fugaz, el primero, y eliminar el artificio del cine, el segundo.

El conflicto del héroe solitario que se lanza a una aventura inalcanzable ha alimentado la imagen mítica del artista. Erice elimina esa retórica eligiendo a un hombre sencillo enfrentado a un conflicto pequeño – la nube tapa el sol – y sus antagonistas son elementos tan cotidianos como la lluvia o el frio. Su espacio de trabajo tampoco es bucólico: un pequeño patio en una ciudad llena de ruidos. Finalmente, el vampirismo del artista moderno, que utiliza a los demás en favor de su obra, se reduce a algo tan simple como sostener una hoja con un palo o ayudarle a mover un cuadro. El artista de El sol del membrillo no corresponde con aquella imagen romántica, ni impresionista, ni moderna, sino más bien, con la de un arte sano que trabaja la materia con sus propias manos – como su esposa María o los obreros polacos –.

Erice desmonta el mito construido por la propia tradición artística para advertir del artificio y mostrar la realidad, no ha estado persiguiendo un imposible, sino evidenciando las limitaciones del lenguaje que utiliza. Al final del filme, cuando la cámara sustituye al pintor, se constata el modo en que el dispositivo separa al artista del modelo, es decir, de la realidad. No sólo le cuesta acceder a ella, sino que además la altera con su carácter invasivo. La presencia de la cámara se nota en la incomodidad de los interlocutores — personas que se representan a sí mismos – o el intento de Enrique Gran por hacer otra toma de una canción que ha sonado mal. Erice reivindica, como Kiarostami, lo que Rossellini reclamó hace tiempo: una forma diferente de acercarse, contemplar y representar la realidad. Sus revolucionarias propuestas exigen que nos despojemos del hábito del mirar con el tiempo y de que recuperemos otro más primigenio. Este mensaje toma fuerza hacia el final de la película, cuando un sueño más remita a la infancia del artista y a la sorpresa con que el niño descubría su entorno. Es difícil desprenderse de ese hábito. Como dice Antonio López, la pintura nació cuando el hombre era aún un niño y el cine cuando ya era viejo.

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Jamón, jamón

Josè Luis Escalante Cordero

Penélope Cruz en la cinta Jamón . jamòn.

Penélope Cruz en la cinta Jamón . jamòn.

José Juan Bigas Luna nació el 10 de marzo de 1946 en la ciudad de Barcelona. Cursó estudios en el Liceo Francés, el Real Monasterio de Santa Isabel y los Hermanos de las Escuelas Cristianas. En 1967 inicia estudios universitarios de Economía.

Crea el Estudio GRIS, dedicado al diseño industrial de interiores.

En su ciudad natal también comenzó a trabajar en el mundo de la publicidad hasta su primera película, Tatuaje (1976) basada en la novela de Manuel Vázquez Montalbán. Un costumbrismo casi surrealista aparece en sus películas. En la década de 1980 se traslada a la ciudad de Los Ángeles, California para desarrollar un guion de encargo y se queda cuatro años. Realiza tres películas Reborn (1981), Lola (1985) y Anguish (1986). Con Anguish, recibe el reconocimiento de países de habla inglesa.

Ayudó a encumbrar a actores como Ariadna Gil, Javier Bardem, Penélope Cruz y Jordi Mollá. Dirigió las cintas Las edades de Lulú (1990), Jamón, jamón (1992), Huevos de oro (1993) y anteriormente, Bilbao (1978), y Caniche (1979). Sus trabajos posteriores son: La teta y la luna (1994), Bámbola (1996), La camarera del Titanic (1997), Volaverunt (1999) y Son Del Mar (2001). En el año 2006 dirige a Verónica Echegui y al cantante Dani Martin en la película Yo soy la Juani y en el año 2010 dirige a Elia Pataky y a Peter Coyote en la cinta Di Di Hollywood.

Fue premiado con el León de Plata a la mejor dirección por el filme Jamón, jamón en el Festival de Venecia en el año 1994. Recibió el Premio al mejor guion por la película La teta y la luna en el mismo festival en 1994. Además recibió el Premio Nacional de cine de Cataluña en 1998 y el Premio Castillete de Oro del Festival del Cante de Nacional de Cine del Cante de las Minas de la Unión, Murcia en 2012. En este año filma la película Segundo Origen.

COMENTARIO.-

Jamón, jamón

Pais: España

Dirección y guion: Juan José Bigas Luna

Fotografía: José Luis Alcaine

Música: Nicola Piovani

Intérpretes: Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollá, Juan Diego.

Silvia, costurera en una fábrica, sale con José Luis, el hijo de los dueños. Al quedarse embarazada, él le promete matrimonio. Pero la madre de José Luis, no la considera suficiente para su hijo, contrata a Raúl – aspirante a torero – para que la seduzca.

Bigas Luna irrumpió en plena Transición derrochando testosterona. Sus primeras películas, ejercicios fetichistas entre el estilizado Fellini y el Brian de Palma más asombroso, le facilitaron el pasaporte a los Estados Unidos. Tras la aventura americana, el catalán regresó para iniciar su trilogía Ibérica. Jamón, jamón, Huevos de oro, y La teta y la luna se impregnaron del espíritu nacional más castizo, forjado a base de la simbología autóctona – toros y fiestas locales –, paisaje mediterráneo y estereotipos populares – el macho ibérico, la niña de pueblo o el marido calzonazos –.

Con estos elementos Bigas Luna construye un melodrama sobre dos héroes sacrificados de mundos opuestos: Silvia entre tortilla de patata y José Luis entre collares de perlas. Con la aparición de Raúl (Javier Bardem) en el ruedo se desatan sus instintos más reprimidos. Capean como pueden la pasión y los celos (desde Romeo y Julieta, a Madame Bovary o Don Juan Tenorio). Pero la embestida final es inevitable. El duelo no se debate entre caballeros que pelean por su amada, sino entre animales que luchan por sobrevivir, como en Duelo a garrotazos, el cuadro que Goya dedicó a Caín y Abel.

Su formación como diseñador llevó a Bigas Luna a estilizar lo más pintoresco del carácter nacional. El espacio por el que deambulan los personajes parece indeterminado, pero nace de la sofisticación de una realidad española. Esta vez el director la pinta a brochazos eléctricos – el azul del neón, el naranja del cielo o el rojo del bar—parta convertir lo local en universal, lo rancio en actual. Es importante poner esta idea en el contexto. La cinta se estrenó tras las Olimpiadas de 1992, acto con el que España se deshacía definitivamente de su losa franquista y vendía su imagen de modernidad. Barcelona optó por imitar lo ajeno, haciendo gala de su obsesión por satisfacer al extranjero. En cambio, Bigas Luna tiró del olor a ajo para contar su drama con ironía. Mientras Barcelona aún condenada a tener un ojo fuera y otro dentro, Jamón, jamón descansa tranquila salándose conforme pasa el tiempo. Muestra de ese acierto fue el éxito que el filme tuvo entre los jóvenes, seducidos seguramente por su atractivo reparto.

Atento observador de la juventud, Bigas Luna no sólo tiene un olfato innato para los jóvenes talentos – el trío protagonista de Jamón, jamón o Verónica Echegui en La Juani—sino también para intuir sus gustos y comportamientos – desde Chimo Bayo, emblema de la ruta del bakalao, hasta la cultura tuninning y el politono –. Mientras sus protagonistas, abandonan Neverland para enfrentarse al mundo, Bigas Luna sigue aferrado a su papel de Peter Pan. Quizá por ello ha retratado con tanto acierto la juventud española de los últimos años.

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GATICA “el MONO”

José Luis Escalante Cordero

Edgardo Nieva en una escena de la cinta de Leonardo Favio

Edgardo Nieva en una escena de la cinta de Leonardo Favio

Leonardo Favio nació el 28 de mayo de 1938, en el distrito de Las Catitas del departamento Santa Rosa en la provincia de Mendoza, aunque pasó gran parte de su niñez en Luján de Cuyo. Nació en un barrio pobre y complicado, donde soportó el abandono de su padre. Pasó gran parte de su infancia internado; conflictivo, siempre escapó o se le expulsó. Una serie de robos pequeños lo llevaron incluso a la reclusión carcelaria. Estudió un tiempo como seminarista y más tarde intentó en la Marina: duró poco y se marchó con el uniforme que luego utilizó para pedir limosnas en la Estación Retiro de ferrocarril. Su madre, escritora de radioteatros, solía conseguirle pequeños papeles escasamente remunerados en la ciudad de Mendoza.

Se marchó a Buenos Aires. Trabajó de extra en la película El Ángel de España (1958), del cineasta peruano Enrique Carreras, y posteriormente de Baby Torre Nilson – comenzó su carrera como actor participando en filmaciones como en las cintas El secuestrador (1958) y Fin de fiesta (1960), entre otras. Su dote de director cinematográfico nació con el cortometraje El amigo (1960), contando ya con una obra a cuestas, pero inconclusa: El señor Fernández (1958).

En 1965 estrenó su ópera prima Crónica de un niño solo. Reconocido como director de culto, fue parte de la segunda gama de directores que renovó el cine argentino. Entre las cabecillas de este nuevo cine en los años setenta estaba su buen amigo Torre Nilsson y Fernando Ayala.

En 1967 realizó El romance del Aniceto y la Francisca…, con Federico Lupi, Elsa Daniel y María Vaner como actores. A menudo esta cinta es mencionada como la mejor película argentina de todos los tiempos.

En 1969 estrenó El dependiente, basado en un cuento de su hermano. La película fue catalogada de “exhibición no obligatoria”, significando la supresión del apoyo oficial argentino hacia el filme.

Fue entonces cuando Favio, quizá motivado por las trabas económicas que el cine estaba significando, decidió lanzarse sorpresivamente al canto profesional, cosechando un éxito que le permitió en numerosas oportunidades solventar gran parte de sus películas.

En 1976 dejó Argentina, exiliado por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional hasta 1983. Comenzó entonces una gira por América Latina, donde vivió casi dos años junto a su familia. Luego se estableció en la ciudad de Pereira (Colombia), desde donde realizaba giras por varios países del mundo. De regreso en Argentina en 1987, reinició su carrera como realizador cinematográfico (filmó Gatica, el Mono, en 1993) y continuó paralelamente la de cantautor, esta vez en giras más cortas debido al tiempo que le brindaba al cine.

Entre 1996 y 1999 realizó un documental – -sin estreno comercial – titulado Perón, sinfonía del sentimiento. Su última obra fue Aniceto… Favio interpreta el tema musical que cierra el filme.

Luego de estar varias semanas internado en un hospital, Leonardo Favio falleció de neumonía en Buenos Aires, el 5 de noviembre de 2012.

COMENTARIO.- GATICA, “el Mono”

País Argentina

Guion y Dirección: Leonardo Favio y Zuhair Jury.

Fotografía: Alberto Basail

Música: Iván Wyszagrod y Darío Tedesco

Intérpretes: Nieva, Horacio Taicher, Juan Costa, María Eva Gatica, Eduardo Cutuli.

José María Gatica, el Mono, fue un boxeador de enorme popularidad en la Argentina de la década de 1940, cuya vida terminó por dar forma a una figura de leyenda trágica. El filme de Leonardo Favio atraviesa la casi totalidad de su existencia, signada por una humilde llegada a Buenos Aires desde el interior, una infancia de pícaro en las calles porteñas, un ascenso y apogeo en el mundo pugilístico que lo convirtieron en ídolo de multitudes, y un final trivial. La vida de Gatica estuvo íntimamente ligada, al primer peronismo (1945—1955). Entre el humilde deportista y la pareja formada por Perón y Evita no sólo reinó una corriente de mutua simpatía, sino que la propia imagen del boxeador se volvió emblemática de un momento en que las clases desposeídas tuvieron protagonismo.

Favio impone el paralelismo entre Perón y Gatica, y construye una parábola sobre la primera época del peronismo con procedimientos de montaje que dan nuevos significados a las secuencias de archivo. A los pocos minutos de iniciada la película, se evocan los sucesos del 17 de octubre de 1945, cuando miles de obreros fueron a la plaza de Mayo de Buenos Aires para exigir la liberación del coronel Perón. Conseguida la libertad, el coronel pronuncia un histórico discurso, que en la película coincide con la sobreimpresión de la portada de una revista con Gatica en actitud triunfante. Los gritos de la multitud que aclaman al líder dan paso a la euforia del público que vitorea al púgil; todos enarbolando la bandera argentina. El sujeto real con tintes legendarios se convierte en mito nacional y popular.

Focalizado sobre el personaje, la narración avanza cronológicamente a fuerza de insistencia en detalles, réplicas y diálogos que se repiten para delinear los rasgos de Gatica: mentiroso, mujeriego, tierno, bruto, juerguista, dependiente, fanfarrón y desequilibrado. El retrato del boxeador y su entorno de feria de atracciones se refuerza con la minuciosa marcación actoral y la grandilocuencia del maquillaje, el vestuario y el sonido. Los combates se libran a ritmo frenético de mambo y los planos frontales, de marcado expresionismo, realzan los hematomas y la sangre.

A mitad de la película Favio introduce la pelea que marcó el inicio del ocaso de Gatica (Nueva York, 1951) en la que perdió su posibilidad de conseguir un título mundial. La cámara está distante del ring, y se desplaza luego hasta los relatores; con un Travelling, recorre detenidamente cada uno de los rostros, que gesticulan casi en la penumbra. El knock out lo anticipa el narrador. Este dominio formal de los instrumentos cinematográficos, sumado a un estilo visual que apuesta a lo espectacular y no teme a los extremos, han hecho de Favio un cineasta de culto en la Argentina. A lo largo de su trayectoria iniciada en la década de 1960, realizó siete largometrajes y un documental en los que creó una poética que diluye los límites entre la cultura elevada y cultura popular.

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EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

José Luis Escalante Cordero

Escena de la película de Eliseo Subiela El lado oscuro del corazón.

Escena de la película de Eliseo Subiela El lado oscuro del corazón.

Eliseo Subiela nace en Buenos Aires, Argentina el 27 de diciembre de 1944. Es un director de cine argentino. Su llegada al cine se produce en 1980 con el filme La conquista del paraíso, aunque ya antes había rodado Los caminos de la liberación en mayo de 1969. La película nunca se estrenó.

Es reconocido por películas tales como El lado oscuro del corazón (1992), No te mueras sin decirme a dónde vas (1995) y Hombre mirando al Sudeste (1987). Comenzó a filmar a los 17 años cuando realizó su primer cortometraje titulado Un largo silencio (1963). Fue nombrado “caballero de la orden de las Artes y de las Letras de la República Francesa” en 1990 y miembro honorario de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España en 1995. El 2005 obtuvo beca de la Fundación Guggenheim.

Sus padres fueron la argentina Isabel de la Fuente y el gallego Eliseo Demófilo Subiela. Creció en el barrio argentino de Palermo, junto con su hermano menor, Héctor. Su infancia estuvo marcada por oscuridades y tristezas, pues su padre sufría del corazón y evitaba a toda costa demostrar cualquier emoción; mientras que su madre era atacada por constantes e intensos dolores de cabeza, lo que los obligaba a mantener la casa en tinieblas para no perturbar la tranquilidad de ambos. Además, su biografía autorizada menciona que—como una manera de oponerse a las imposiciones peronistas – sus padres lo hacían retirarse de las clases de religión de la educación primaria, aprovechando el retiro de sus compañeros judíos. Impresionado por la aviación y con dos años en la Marina, Eliseo Subiela decidió incorporarse al cine con Leonardo Favio en la cintas Crónica de un niño solo; La mujer del zapatero del director Armando Bo; Esquiú, de Ralph Pappier y Los Ratones, de Francisco Vasallo. También trabajó como creativo para la empresa Lowe. Ya en 1968, Eliseo Subiela ingresa como director creativo en la agencia de publicidad Radiux Publicidad, donde realizó sus primeros filmes publicitarios.

En mayo de 1969 rueda su primer largo metraje Los caminos de la liberación, después viene No te mueras sin decirme a dónde vas, Hombre mirando al sudeste (1997) y El lado oscuro del corazón (1992).

COMENTARIO.-

EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

País: Argentina

Dirección: Eliseo Subiela

Fotografía: Hugo Colace

Música: Osvaldo Montes

Intérpretes: Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros, Nacha Guevara, André Malancón, Mario Benedetti, Mónica Galán.

Oliverio es un poeta porteño obsesionado por encontrar a su mujer ideal. “Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; pero eso sí! – y en esto soy irreductible—no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden conmigo! Con este parlamento se presenta Oliverio ante cada mujer que le interesa. Treintañero, bohemio e inmaduro, se gana la vida recitando poesía en la calle o escribiendo poemas de amor a cambio de un plato de comida; en ocasiones redacta a desgano textos publicitarios. Mientras la muerte lo acecha, peregrina por Buenos Aires y Montevideo. En uno de esos viajes conoce a Ana, una prostituta uruguaya, culta y amante de la poesía, que le devorará el corazón.

En su cuarto largometraje Eliseo Subiela se arriesga a la transposición de la poesía. Poemas de los argentinos Oliverio Girondo y Juan Gelman. Y del uruguayo Mario Benedetti se vierten en los diálogos y los monólogos de esta historia de amor, aunque nunca se explicitan títulos de autores. Son conmovedores en la voz de Darío Grandinetti (Oliverio) y con la del mismo Mario Benedetti, quien interpreta a un marino cliente del cabaret y los recita en un alemán raramente dulce.

En las películas de Eliseo Subiela invariablemente un hombre y una mujer se conocen a través de una frontera, de un límite. Aquí el Rio de la Plata separa Buenos Aires de Montevideo. En riveras opuestas los amantes monologan. Un montaje acertado tiende un puente etéreo entre ellos: organiza esos múltiples y disímiles textos poéticos en un diálogo que cruza el río.

Las sugestivas y a veces perturbadoras imágenes realzan el lirismo. Convencido de que, según sostenía Girondo, lo cotidiano es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo. Subiela recurre a elementos casi surrealistas, como el artilugio que hace desaparecer de la cama a las mujeres que no saben volar o la vaca reprochadora que encarna a la madre muerta del poeta. El encuentro amoroso con la mujer que vuela se resuelve con metáforas: una puerta que no se derrumba, un billete y una llave que arden, un frasco que se quiebra y el corazón de él lamido y besado por ella. Tangos y en especial boleros, himnos del amor por excelencia, potencian la melancolía de las palabras y las imágenes, o enfatizan la locura y la soledad urbanas, como el desgarrado canto de la rockera en el subterráneo.

La poesía adaptada cinematográficamente no sólo tiene una función argumental y estética, sino también social y política. Coherente con su convicción de que el cine puede cambiar la realidad y sin ningún temor a la cursilería. Eliseo Subiela exalta el valor del amor y la poesía como únicas armas para la salvación del hombre.

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TESIS

José Luis Escalante Cordero

En primer plano Ana Torrent en una escena de Tesis.

En primer plano Ana Torrent en una escena de Tesis.

Alejandro Amenábar nace el 31 de marzo de 1972 en Santiago de Chile. La madre de Amenábar emigró de España a Chile por culpa de la Guerra Civil Española. Cuando nació su hijo, se vio inmersa en otro desagradable acontecimiento político: el golpe de estado de Augusto Pinochet. Sí que hizo las maletas y cruzó otra vez el Atlántico para instalarse en Madrid. Alejandro apenas tenía 1 año por aquel entonces. Poco después murió el dictador Francisco Franco.

Almenábar creció en Madrid con el supuesto objetivo de ser periodista, por algo se inscribió en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, su verdadera vocación era el cine y no pudo remediarlo. Tras rodar algunos cortometrajes, sorprendió a todos con su opera prima: Tesis (1996).Todo un thriller que le valió el premio Goya al nuevo director.

Su carrera no había hecho más que empezar. En 1997 dirigió Abre los ojos, que pretendía ser un remake de Vértigo (de Alfred Hitchock) y terminó siendo un filme con sello propio. Dio mucho que hablar entre los críticos de todo el mundo, casi tanto como la cinta Los otros, su primera película de habla inglesa, con Nikole Kidman en el papel principal. Los otros hizo que Amenábar ganase el Goya al mejor director y al mejor guion original.

Cada nuevo trabajo suponía subir un peldaño más, y la cima llegó en el año 2004 con su cinta Mar adentro, una de las mejores películas realizadas sobre el tema de la eutanasia. Se llevó el Oscar a la mejor producción extranjera y tres premios Goya.: mejor director, mejor guion original y mejor banda sonora. Y es que Amenábar es un hombre completo destaca por su habilidad para componer música de cine, sea para él o para otros colegas.

“Mis películas no ofrecen respuestas, sino preguntas”, ha dicho Amenábar en más de una ocasión. Sus directores favoritos son James Cameron, Stanley Kubrick y Steven Spielberg, del que recibió una carta de felicitación cuando ganó el Oscar por su película Mar adentro. Todo un elogio.

COMENTARIO.-

TESIS

País: España

Guion: Alejandro Amenábar

Fotografía: Hans Bürman

Música: Alejandro Amenábar.

Intérpretes: Ana Torrent, Fele Martínez, Eduardo Noriega, Miguel Picazo

Ángela, una estudiante universitaria que está preparando su doctorado sobre la violencia en el departamento audiovisual, recurre a su director de tesis para que le consiga películas prohibidas. Al día siguiente, el profesor aparece muerto en la sala de proyecciones cinematográficas de la facultad. Ángela roba la cinta que provocó el fallo cardiaco y solicita ayuda a Chema – un compañero coleccionista de cine gore para descubrir al autor de la grabación.

Alejandro Amenábar contaba con tan sólo 23 años cuando su profesor José Luis Cuerda decidió producir su primer guion. Tras rodar dos cortometrajes (Himenóptero y Luna) y sin acabar la carrera de Imagen y Sonido, Amenábar se lanzó a escribir, dirigir y componer la música de su ópera prima. El resultado de tanta precocidad es esta cinta Tesis, un entretenido thriller concebido y rodado a la manera del estilo comercial norteamericano. Obtuvo un gran éxito de público, el respeto de la crítica y supuso el pistoletazo de salida del realizador más completo de su generación.

La idea principal sobre la que se articula su película Tesis se escucha en palabras de uno de los profesores de Ángela: “Hay que dar al espectador lo que el espectador quiere ver”. Pero Amenábar no elabora una densa hipótesis sobre los límites del creador de imágenes, prefiere tejer una historia de clásico cine negro ambientada en los mismos pasillos de la facultad donde estudió. Partiendo de un guion bien resuelto, que administra los giros de la trama hasta un clímax oscuro, Amenábar construye tres protagonistas con entidad. Desatendiendo la recomendación hitchcockiana de develar desde el principio al villano, Ángela es la “buena” que se debate entre los dos posibles “malos” que se alternan como autores del “quién—lo—hizo”. Como detalle interesante de construcción de personajes cabe señalar la secuencia en la que vemos a Chema con los ojos de Ángela a la vez que escuchamos la música clásica de sus auriculares. A continuación vemos a Ángela con los ojos de Chema y su música heavy pegada al oído en un logrado intercambio de miradas subjetivas con fondos musicales dislocados que acaban por subrayar sus personalidades de una forma sintética y muy efectiva. Con una puesta en escena sobria y utilitaria, pero siguiendo el ritmo del cine de suspenso americano, Amenábar redondeó su ópera prima con una dirección de actores entre los que destaca un Fele Martínez que supo darle a su personaje toda la ambigüedad que el guion requería.

La película rastrea la posibilidad de la existencia de las snuff—movies, grabaciones de mutilaciones y ejecuciones reales destinadas al comercio ilícito para los sádicos más enfermos. Pero Amenábar hace un cine para grandes audiencias y tiene la delicadeza de dejar fuera de campo las imágenes más desagradables. Mejor perseguir el morbo que mostrarlo.

Tesis es la brillantísima demostración de que se puede hacer cine comercial de alta calidad sin demasiados medios si hay detrás un talento generador de buenas ideas. Las siguientes realizaciones de Amenábar confirmaron que el cine español cuenta con un primer espada capaz de sorprender (Abre los ojos, asustar (Los otros), emocionar (Mar adentro) y exportar.

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