Premio Nobel de Literatura 1998
(1922-2010)
Leticia Muñoz

José Saramago
El año de 1998, que comenzó para José Saramago con la publicación de la novela Todos los nombres, continuó con un gran premio para la literatura en lengua portuguesa y José Saramago fue su abanderado: el 8 de octubre la Academia sueca decide otorgarle el Premio Nobel de Literatura “Por una obra sostenida por la imaginación, la compasión y la ironía”.
En ese recinto así se escucharon las palabras del laureado:
“…En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido, sucesivamente, implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa no consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser. [...] La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mis personajes. No tengo, pensándolo bien, más voz que la voz que ellos tuvieron. Perdonadme si os pareció poco esto que para mí es todo…”
José Saramago, cuyo verdadero nombre era José de Sousa, nace en Azinhaga, una aldea de Ribatejo, provincia portuguesa, el 16 de noviembre de 1922, pueblo que la familia abandona muy pronto y se traslada a Lisboa.
“…Saramago no era el apellido de mi padre, sino el apodo. El empleado del registro civil estaba borracho y añadió Saramago al nombre que yo debía llevar: José de Sousa. Cuando me matricularon en la escuela primaria tuvieron que presentar una partida de nacimiento, y el antiguo secreto se descubrió, con gran indignación de mi padre que detestaba el mote. Pero lo peor fue que llamándose mi padre José de Sousa, la ley quiso saber cómo tenía él un hijo cuyo nombre completo era José de Sousa Saramago. Así, intimidado, no tuvo más remedio que hacer un nuevo registro de su nombre, por el cual pasó a llamarse también José de Sousa Saramago, como su hijo…”
Anécdota sobre el apellido Saramago. Publicado en Avión de Papel
Aunque José Saramago se desempeña como brillante alumno en la escuela secundaria, debe abandonar esta institución por falta de recursos económicos de sus padres; no obstante, y gracias a ese desempeño, pronto emprende estudios de Formación Profesional en la Escola Industrial Alfonso Domingues, de Lisboa, de la que sale como cerrajero mecánico en 1939, oficio que ejerce en los talleres de los hospitales civiles de la capital portuguesa, hasta que en 1942 pasa a los servicios administrativos.
Un año más tarde comienza a trabajar como jefe administrativo en la Caja de Subsidio de Familia del personal de la industria cerámica, institución en la que trabajó hasta 1950, año en que comienza sus labores en la industria metalomecánica, desempeñando las mismas funciones.
Entre esos dos empleos, Saramago publica su primera novela, Tierra do pecado (1947), época en la que nace en él la conciencia política.
“…Casi siempre el discurso político es de ocultamiento. A lo mejor, si se tradujera, de ese discurso saldría exactamente lo contrario de lo que el político dijo. Esa traducción tendría mucho que ver con el pensamiento que el discurso oculta. Lo encontramos a toda hora…”
El discurso político casi siempre oculta algo
Publicado en Redacción I, Escuela de Comunicación Social, Universidad de Rosario
En 1955 colabora para la editorial Estudios Cor, y comienza a frecuentar el ambiente literario del Café del Chiado en el que admira y observa al grupo de consagrados que participan en la tertulia y es, por aquella época, que inicia una larga unión sentimental con la Isabel de Nobrega, poetisa que influye notablemente en su vida personal y literaria.
En 1969 ingresa en el Partido Comunista portugués, del que fue un destacado miembro. Un año después publica Probablemente alegría, su tercera obra y su segunda de poesías y, en 1971, apareció Desta mundo e do outro, recopilación de crónicas aparecidas en el vespertino lisboeta A Capital y en el Jornal do Fundao, también recogidas dos años después en A bagagem do viajante.
Tras el movimiento militar Revolución de los claveles, en abril de 1974 colabora para el Ministerio de Información y es nombrado director adjunto del Diario de Noticias de Lisboa. Ese mismo año abandona su puesto de director adjunto, comenzando un período de dificultades económicas que, gracias a las traducciones a que se dedicó logra salvar su estabilidad. Ese mismo año publicó O año de 1993 obra que es bien recibida por la crítica literaria. La novela Manual de pintura e caligrafía, apareció en 1977, a la que siguió, un año más tarde, el libro de cuentos Objeto Quase y en 1979 acepta una invitación expresa y escribe la obra teatral A noite, estrenada en Lisboa.
“…Hay una pregunta que persigue a los escritores, ¿por qué escribir? Como decía el filósofo griego el movimiento se demuestra andando, y la razón de escribir en el fondo no es más que eso: escribir. Pero hay otra pregunta más compleja, ¿para qué se escribe? Y eso depende del punto de vista. A lo mejor yo hace unos cuantos años no sabía decir para qué escribía, pero ahora lo tengo bastante claro. Yo no escribo para agradar ni para desagradar. Yo escribo para desasosegar…”
Un año después escribe y pone en escena, Que farei com este livro. Su tercera obra teatral, A segunda morte de Francisco Assis, Poetica dos cinco sentidos y O ouvido, incluido en una obra colectiva de cuentos, salen también a la luz en 1979. Levantado do Choa, es el primer reconocimiento público a su calidad literaria, al ser distinguido con el Premio Ciudad de Lisboa, y basado en sus experiencias en la finca de la reforma agraria, se publicó en 1980, un año antes de su libro de viajes Viagem a Portugal.
Su primer libro de alcance mundial fue Memorial do convento, de 1982, que le valió el Premio del Pen Club. Por O ano da morte de Ricardo Reis, aparecida en 1984, recibió el Premio Dom Dimis y, en Italia, el Grinzane Cavour. A Jangada de pedra, aparecida en 1986, fue la consagración definitiva de Saramago. En ella desgajó a España y Portugal del resto de Europa, además de considerar que la integración de estos dos países a Europa puede suponer un peligro para sus respectivas culturas.
“…Son lo mejor y lo peor que tenemos… Por las maravillas que se pueden expresar con la palabra, si se usan con armonía y profundidad; pero pueden llegar a ser violentas si se utilizan mal, si se les cambia el sentido…”
Las palabras, lo mejor y lo peor que tenemos
En diciembre de 1991 editó Viaje a Portugal, texto en el que realiza una perfecta radiografía de su país y de sí mismo; ese año presenta en Lisboa la novela El Evangelio según Jesucristo, novela que es objeto de un discutible veto en 1992, ya que fue retirada de la lista de candidatas a un premio literario de la Comunidad Europea, para el que había sido seleccionada por un jurado integrado por miembros del Pen Club de Portugal y de la Asociación de Críticos literarios portugueses. En esa ocasión, el subsecretario de Cultura, explicó la exclusión por ser ofensivo para la religiosidad del pueblo portugués y por violar los principios. Ese mismo año El Evangelio según Jesucristo fue galardonado con el Premio de la Asociación de Escritores (APE), el más importante de Portugal para obras literarias.
En 1993 publica la obra dramática In nomine Dei, sobre la intolerancia, que fue galardonada un año después con el Gran Premio de Teatro instituido por la Asociación de los Escritores y la Secretaría de Estado y de Cultura de Portugal.
El 2 de noviembre de 1995 presenta en Lisboa su obra Ensayo sobre la ceguera y, cinco días más tarde, José Saramago es galardonado con el premio Camões, máxima distinción de la literatura portuguesa por el conjunto de su obra.
Saramago, que forma parte de la Comisión portuguesa contra el Bloqueo y Solidaridad con el Pueblo de Cuba, es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidades de Turín, de Sevilla y por la Universidad Carlos III de Madrid y es autor de un diario del que, bajo el título Cuadernos de Lanzarote, lleva publicados varios volúmenes; se trata un libro en el que recoge apuntes, anotaciones e impresiones que le han surgido durante su retiro en esa isla.
En 1978 Saramago publicó en Portugal La caverna, obra que recrea el mito de Platón y con la que concluye su “trilogía involuntaria” tras el Ensayo sobre la ceguera y Todos los nombres. Instalado en Lanzarote desde 1992, el escritor recibió en marzo de 2001 el Premio Canarias. En 2002 presentó en Lisboa su nueva novela, O homem duplicado (El hombre duplicado).
Esa vida tan intensa y tan reconocida llega a su fin el 18 de junio y las letras se visten de luto por la muerte de este “comunista libertario” como solía llamarse, en su casa de Tías, en la isla canaria de Lanzarote.
Se lee en los diarios (EFE) que por la mañana se despertó, desayunó y charló con su mujer, Pilar del Río, sobre las novedades de este mundo “en crisis”; le empezó a doler un poco el pecho y, a las pocas horas y sin dolor, cerró los ojos.
“…La muerte no me importa. Pero sí me afecta desde un punto de vista muy egoísta, porque es finalmente el estar y ya no estar. Eso es la muerte: el haber estado y ya no estar. Que estaremos en la vida futura, puede que sí. Pero lo que no puedo aceptar es que alguien me diga que mis pecados los pagaré en el infierno y que ahí me quedaré por toda la eternidad. Crueles somos nosotros los hombres que concebimos la pena perpetua (…) Tan crueles como Dios somos los seres humanos. La idea de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza se invierte; nosotros hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza…”
Los restos mortales de José Saramago fueron velados en uno de sus últimos grandes proyectos, la Fundación José Saramago, con sede en la isla de Lanzarote; una parte de sus cenizas fue depositada en su pueblo natal, y otra fue sepultada junto a un olivo de su casa de Lanzarote. En su memoria, el gobierno de Portugal decretó sábado y domingo días de luto nacional en memoria del escritor
“…La importancia que puede tener usar una palabra en vez de otra, aquí, más allá, un verbo más certero, un adjetivo menos visible, parece nada y finalmente lo es todo…”
Usar bien las palabras. Fragmento de Cuadernos de Lanzarote (1993-1995)





