“Alba de mi silencio”
(1914-1953)
(Segunda y última parte)
Leticia Muñoz

Julia de Burgos
La gran aventura norteamericana de Julia de Burgos, la célebre poetisa puertorriqueña, da comienzo en 1940, cuando viaja a Nueva York para participar en numerosos actos culturales promovidos por la comunidad hispanoamericana establecida en los Estados Unidos y así, durante más de seis meses, asiste a recitales de sus poemas, escucha y pronuncia conferencias, publica sus colaboraciones periodísticas en diferentes medios estadounidenses, trabaja en otras labores ajenas a la creación literaria y se encuentra con el médico y sociólogo dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, quien protagonizó el capítulo amoroso más importante en la vida de la poetisa.
Alba de mi silencio
En ti me he silenciado…
El corazón del mundo
está en tus ojos, que se vuelan
mirándome. (Fragmento)
Especialmente comentado fue el bellísimo recital de poesía que la propia autora ofreció en el Master Theatre neoyorquino, donde leyó, entre otras muchas de sus composiciones, los poemas Amanecida, Nada, Principio de un poema sin palabras, Dame tu hora perdida, Noche de amor en tres cantos, El rival de mi río, Poema de la cita eterna y Desde el puente de Martín Peña.
“…Yo le tomé a Julia un afecto enorme, tanto así que a pesar de la oposición de mis padres mi propósito era llegara vencer esa oposición (ellos ni quisieron conocerla) para poder casarme a la postre con ella porque realmente le tenía un profundo amor, e indudablemente ella también a mí y la mejor prueba de ella la brinda el libro Canción de la verdad sencilla. Todos los poemas de ese libro yo los vi nacer, fueron poemas escritos prácticamente a mi lado. Fue esa obra la que me hizo comprender la extraordinaria facundia poética de esta muchacha. Ya me lo había dicho su primera obra (se llamaba Poemas en surcos), pero fue en esta obra, Canción a la verdad sencilla, donde ella me deslumbra poéticamente…”
Entrevista con Juan Isidro Jimenes Grullón, Aquí
(Suplemento Cultural del periódico La Noticia), 29 de Noviembre 1981
A finales del mes de junio Julia de Burgos abandona los Estados Unidos para viajar a Cuba donde el doctor Jimenes Grullón la espera y en cuya isla antillana la ya célebre poeta es recibida por toda la clase intelectual.
Así, con ese acogida y los quinientos dólares recibidos por el premio concedido a Canción de la verdad sencilla, decide instalarse en La Habana, estancia en la que termina los poemas que habrán de conformar su próximo libro de versos, titulado El mar y tú, obra que Julia no llegó a ver publicada ya que apareció póstuma en la capital de su país en 1954. Por aquel tiempo, además de participar de forma activa en la vida cultural cubana, trabaja en otro proyecto, el poema Campo.
Canción de la verdad sencilla
No es él el que me lleva…
Es mi vida que en su vida palpita.
Es la llamada tibia de mi alma
que se ha ido a cantar entre sus rimas.
Es la inquietud de viaje de mi espíritu
que ha encontrado en su rumbo eterna vía.
El y yo somos uno.
Uno mismo y por siempre entre las cimas; (Fragmento)
En 1941 la poetisa cambia su residencia a la ciudad cubana de Santiago en cuyo diario Oriente comienzan a aparecer sus nuevas composiciones, como el bello poema dedicado a José Martí.
A José Martí
(Mensaje)
Yo vengo de la tierna mitad de tu destino;
del sendero amputado al rumbo de tu estrella;
el último destello del resplandor andino,
que se extravió en la sombra, perdido de tu huella.
Yo vengo de una isla que tembló por tu trino,
que izó tu alma más fuerte, tu llamada más bella;
a la que diste sangre, como diste camino
(que al caer por tu Cuba, ya caíste por ella). (Fragmento)
Luego de una plena identificación con el pueblo cubano, Julia continúa con su trabajo poético y por aquella época escribe Poema para mi muerte, que fue publicado en 1941 en la prensa de La Habana. Ese mismo año envía tres copias de su poemario El mar y tú al Congreso de Escritores Hispanoamericanos, a celebrarse en Puerto Rico y que preside Concha Meléndez, donde sus colegas tuvieron, así, noticias del progreso en su trabajo poético.
Asentada en La Habana, comienza a tomar parte activa en la vida cultural y literaria y se inscribe en cursos superiores de griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, psicología, didáctica e higiene mental, y continúa publicando sus versos en los medios de comunicación cubanos y, ocasionalmente, en algunos diarios y revistas de su patria, como El Día Estético, de San Juan, publicación en la que apareció el año 1941 el poema Campo.
A comienzos de 1942, una nueva amistad viene a sumarse a su abundante círculo de compañeros poetas. Se trata del chileno Pablo Neruda, quien, según anotan biógrafos, se mostró cautivado por la obra lírica de Julia de Burgos y se comprometió a preparar un prólogo para El mar y tú.
Y así, con la publicación del poema Las voces de los muertos, que fue galardonado por la Alianza Cubana, institución establecida para la defensa de las libertades de las naciones del mundo, su fama como poetisa dentro de la isla adquiere un notable crecimiento.
Canción amarga
Nada turba mi ser, pero estoy triste.
Algo lento de sombra me golpea,
aunque casi detrás de esta agonía,
he tenido en mi mano las estrellas.
Debe ser la caricia de lo inútil,
la tristeza sin fin de ser poeta,
de cantar y cantar, sin que se rompa
la tragedia sin par de la existencia. (Fragmento)
Si por un lado iba sumando éxitos en el campo de la creación literaria, en el aspecto amoroso su vida se ve oscurecida, ya que la relación con el doctor Jimenes Grullón se derrumba, acontecimiento que quebranta, de forma muy crítica, su frágil salud mental. Ante este hecho, abandona la isla sin decírselo a nadie. Regresa a Nueva York y en esa ciudad vive sumida en el caos, cambiando constantemente de domicilio y aceptando para sobrevivir cualquier empleo. Es tal la decepción que en noviembre de aquel mismo año, cuando Jimenes Grullón va a buscarla, Julia de Burgos se niega a regresar a su lado.
En 1944 reaparece en la vida cultural neoyorquina como redactora de Pueblos Hispanos y contrae matrimonio con el músico puertorriqueño Armando Marín, con quien viaja a Washington a finales de agosto de ese mismo año.
De nuevo en Nueva York, experimenta una prometedora recuperación de su prestigio intelectual y literario, como queda patente en la publicación en el Semanario Hispano, del bello artículo titulado Ser o no ser divisa, que a comienzos de 1946 fue premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Nuevamente se suceden honores y homenajes, pero la salud de la poetisa ya no admite celebraciones: a su grave afección cancerosa y sus ocasionales trastornos psíquicos viene a sumarse, como consecuencia de su cada vez más evidente dependencia al alcohol, una aguda cirrosis hepática y la aparición de un papiloma en sus cuerdas vocales que la conduce a un doloroso peregrinaje por diferentes hospitales.
Con una quebrantada salud, y ante el agravamiento de sus males, el 29 de diciembre de 1952 Julia de Burgos es sometida a una intervención quirúrgica y, luego que sus trastornos psíquicos se van agravando, la poetisa se escapa del hospital en varias ocasiones.
Hacia el mes de mayo es dada de alta y trasladada al domicilio de unos familiares del que sale un día de comienzos de julio para no regresar. El diario El Mundo, en su edición del 4 de agosto de 1953, reproduce un informe oficial en el que se certifica la desaparición de la poetisa. Su hallazgo en el cruce entre la calle 106 y la Quinta Avenida, su traslado urgente al Hospital de Harlem y su inmediato e inevitable deceso, el 6 de julio de 1953, provocado-según el certificado de defunción- por una pulmonía lobular. Durante casi un mes el cuerpo sin vida de Julia de Burgos permaneció en los depósitos, ya que el cadáver no portaba identificación. Al cabo de dicho tiempo la publicación en la prensa de una fotografía del cuerpo inerte sirve para reconocer a la poetisa y, casi de inmediato, se organiza un comité en la Isla para el traslado del cadáver a Puerto Rico.
Aún no había concluido aquel año de 1953 cuando comienza la larga sucesión de actos, conferencias, homenajes -en 1987 la Universidad de Puerto Rico concedió a la poetisa antillana el Doctorado Honoris Causa, Post Mortem, en Letras Humanas- y reediciones que consagraron a Julia de Burgos, ya que la calidad de su producción poética así como las circunstancias que rodearon su vida y su muerte, han hecho de ella una de las figuras más fascinantes de las Letras puertorriqueñas de la primera mitad del siglo XX.
Poema con la tonada última
¿Que adónde voy con esas caras tristes
y un borbotón de venas heridas en mi frente?
Voy a despedir rosas al mar,
a deshacerme en olas más altas que los pájaros,
a quitarme caminos que ya andaban en mi corazón como raíces…






