“Porque lo conocí y lo quise tanto…”
(1914-1984)
Leticia Muñoz

Julio Cortázar
Julio Cortázar llega a Francia en 1951 gracias a la beca que le otorga el gobierno francés, que también le concederá la nacionalidad en 1981.
Establecido en París, obtiene el puesto de traductor independiente de la UNESCO, labor que le permite seguir escribiendo y viajar constantemente por Europa y Asia, así como comenzar sus primeras traducciones.
“…Justamente en el año en que me fui de allá hice la traducción de Marguerite Yourcenar que tanto te interesa, Elena. Yo me iba a Europa a la aventura, sin dinero, y naturalmente necesitaba conseguir todos los recursos de vida posibles [...] traduje a Chesterton, a André Gide, la vida y las cartas de Keats, en fin, tenía un buen background como traductor [...]Como la Editorial Sudamericana ya había publicado mi librito Bestiario, justamente en el momento en el que me fui de Argentina me dieron a elegir entre unos cuatro libros. Vi Memorias de Adriano, que había leído en francés y me había fascinado [...] La traducción de Memorias de Adriano la hice en París, se publicó, y la crítica siempre ha dicho que se trata de una buena traducción. A Marguerite Yourcenar nunca la he visto, salvo en una pantalla de televisión…”
Bajo la mirada de Elena Poniatowska. Revista Plural, nº 44, mayo de 1975, México.
Lector infatigable desde pequeño, Cortázar queda fascinado al conocer las obras de algunos autores franceses que le llevan a descubrir los movimientos de la Vanguardia.
“…Mis primeros libros me los regaló mi madre. Fui un lector muy precoz y, en realidad, aprendí a leer por mi cuenta, con gran sorpresa de mi familia, que incluso me llevó al médico porque creyeron que era una precocidad peligrosa y tal vez lo era, como se ha demostrado más tarde. Muy pronto me dediqué directamente a sacar los libros que encontraba en las bibliotecas de la casa…”
Entrevista realizada por Sara Castro-Klaren en 1976, en Saignon, Francia.
Cuadernos Hispanoamericanos. Octubre-diciembre, 1980, Madrid
En 1953 se casa con Aurora Bernárdez, posteriormente con Ugné Karvelis, y, finalmente, con Carol Dunlop.
Después de las fiestas
Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.
El alejamiento de su país lo acerca a la América Latina y apoya, decididamente a los países en crisis, acontecimientos que lo convierten en intelectual comprometido con la causa. Estas inquietudes literarias lo llevan a publicar, en 1973, El libro de Manuel.
“…Un día desperté en Francia a la evidencia abominable de la guerra de Argelia, yo que de muchacho había seguido la guerra de España y más tarde la guerra mundial como una cuestión en la que lo fundamental eran principios e ideas en lucha. En 1957 empecé a tomar conciencia de lo que pasaba en Cuba (antes había noticias periodísticas de cuando en cuando, vaga noción de una dictadura sangrienta como tantas otras, ninguna participación afectiva a pesar de la adhesión en el plano de los principios). El triunfo de la revolución cubana, los primeros años del gobierno, no fueron ya una mera satisfacción histórica o política; de pronto sentí otra cosa, una encarnación de la causa del hombre como por fin había llegado a concebirla y desearla…”
Carta de Julio Cortázar fechada el 10 de mayo de 1967 en Saignon (Vaucluse)
a Roberto Fernández Retamar, en La Habana, aparecida en Casa de las Américas,
Así, viaja por Chile, Nicaragua y Cuba; visita México y participa en la reunión del Tribunal Russell, que se congregó en Roma, para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos.
“…-¡La Revolución Mexicana nada hizo por las mujeres, salvo preñarlas como escopetas de retrocarga, lo cual en cierta forma ayudó, ya que murieron un millón de mexicanos!
Pero nada cambió. Incluso ahora. He asistido a algunas reuniones del PC en la que participan hombres y mujeres y los hombres ordenan: Compañeras, háganse un cafecito. ‘Compañeras, agénciense unas tortas, o sea, que devuelven a la mujer a su papel inicial’…”
Bajo la mirada de Elena Poniatowska. (Ibíd.)
1983 es un año activo e intenso en la vida del escritor argentino, ya que debe efectuar diversas e importantes diligencias. Así, asiste a la Reunión del Comité Permanente de Intelectuales por la Soberanía de los pueblos de Nuestra América celebrada en La Habana, Cuba.
“…Hechos concretos me han movido en los últimos cinco años a reanudar un contacto personal con Latinoamérica, y ese contacto se ha hecho por Cuba y desde Cuba; pero la importancia que tiene para mí ese contacto no se deriva de mi condición de intelectual latinoamericano; al contrario, me apresuro a decirte que nace de una perspectiva mucho más europea que latinoamericana, y más ética que intelectual. Si lo que sigue ha de tener algún valor, debe nacer de una total franqueza, y empiezo por señalarlo a los nacionalistas de escarapela y banderita que directa o indirectamente me han reprochado muchas veces mi ‘alejamiento’ de mi patria o, en todo caso, mi negativa a reintegrarme físicamente a ella…”
Carta de Julio Cortázar fechada el 10 de mayo de 1967 (Ibíd.)
Motivos importantes le llevan a realizar su último viaje a Buenos Aires; visitar a su madre.
De regreso a París publica Los autonautas de la cosmopista, cuyos derechos de autor son legados al movimiento sandinista y sale a la luz Nicaragua tan violentamente dulce y el poemario Negro el diez.
En 1984, delicado de salud, viaja a Nicaragua y recibe de Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura nicaragüense, la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. Habla Elena Poniatowska:
“…Ahora sé que el compromiso político y el arte narrativo de Julio Cortázar eran parte de su vida así como la altura y la sonrisa conformaban su aspecto humano. Nunca se mostró distante, nunca hubo una barrera entre él y sus lectores, al contrario, respondió todas las cartas y repartió los abrazos que todavía hoy sentimos como un apoyo inmerecido. Ningún escritor con mayor capacidad de entrega que Julio Cortázar…”
El 12 de febrero de 1984, en París, Francia, víctima de leucemia, fallece Julio Cortázar, el gran maestro de las letras hispanoamericanas, y descansa en el cementerio Montparnasse, en el mismo sepulcro de Carol Dunlop que lo antecedió en 1982.
“…En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez…”
Gabriel García Márquez. Manual de cronopios, Francisco J. Uriz, Ediciones de la Torre, 1992
Ese mismo año México publica su libro de poemas Salvo el crepúsculo Editorial Nueva Imagen y Carlos Fuentes, uno de nuestros más grandes escritores lo recuerda:
“…Porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo…”
Gabriel García Márquez. (Íbid.)
De manera póstuma, son publicadas sus obras: Alto el Perú (1984); Argentina: años de alambradas culturales (1984); Divertimento (1986), obra que escribió en 1949; El examen (1986), escrito en 1950; la obra de teatro Dos juegos de palabras (1991) y Cuentos completos, con material inédito, que publicó Alfaguara en 1994.
En 1993 Aurora Bernárdez, primera mujer de Cortázar, dona la biblioteca personal del escritor argentino a la Fundación Juan March, con sede en Madrid, la cual consta de más de cuatro mil volúmenes.
“…Habrá que volver y volver a los libros de Cortázar, pero hay nombres, dedicatorias y libros que no ofrecen la menor duda [...] Las estaciones principales de este viaje interior por las lecturas de Cortázar se llaman Octavio Paz, Pablo Neruda, Alejandra Pizarnik, Lezama Lima, Federico García Lorca, Juan Carlos Onetti y Luis Cernuda [...] A Octavio Paz lo admiraba. No hay más que hojear cualquiera de sus libros trasegados. Se conocieron en la India en los años sesenta, cuando Paz era embajador de su país y su relación no sufrió apenas altibajos. Paz le tenía a Cortázar en el panteón de los grandes, junto a Rulfo, Borges y Neruda, y Cortázar consideraba que Octavio Paz era ¿la estrella marinera de la poesía latinoamericana? Así es que no es de extrañar que en su biblioteca se encuentre prácticamente todo, desde Libertad bajo palabra (1949) hasta algunos de los artículos publicados en la prensa en España, en los años ochenta…”
Blanca Berasategui. El Cultural, El Mundo, España, 25 febrero 2004.
Y aquí, en nuestro país, para conmemorar diez años de su fallecimiento se crea, a instancias de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, en la Universidad de Guadalajara, la Cátedra Latinoamericana e Iberoamericana Julio Cortázar y, diez años más tarde (2004) se inaugura, con regias personalidades como Carlos Fuentes, José Saramago y Sergio Ramírez, el Centro de Estudios de Literatura Latinoamericana (CELL) Julio Cortázar.
“…Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba. Ahora, en Guadalajara, donde hemos instituido la Cátedra Julio Cortázar, García Márquez y yo queremos que el Gran Cronopio compruebe, como lo dijo entonces Gabo, que su muerte fue sólo una invención increíble de los periódicos y que el escritor que nos enseñó a ver nuestra civilización, a decirla y a vivirla, está aquí hoy, invisible sólo para los que no tienen fe en los Cronopios…”
Julio Cortazar por Carlos Fuentes.
Suplemento Cultural del diario La Nación de Argentina






