
Abunda pacas de ropa americana en Veracruz
*Ropa semi-nueva puede estar contaminada
*Representa un riesgo para quien la utiliza
Miguel Ángel Gómez Ruiz
La situación del país ha obligado a miles de familias veracruzanas, de clase media y baja, a recurrir a la compra de la ropa traída en pacas desde Estados Unidos, esto, para estrenar ropa semi-nueva a bajo costo.
El problema, en opinión de expertos, es que al ser ropa semi-nueva puede atraer riesgos para quien la utiliza, debido a que puede venir contaminada o con algún tipo de piojos o pulgas que pueden resultar dañinos para quien la utilice.
En cuanto al lado comercial, empresarios xalapeños reconocen que la roca de pacas se vende en grandes cantidades en todo el mundo pero, específicamente, en colonias de la periferia, en casas o establecimientos en donde los propietarios no pagan ningún impuesto y aprovechan los vacíos en la ley para venderla sin riesgo de sanciones.
La síndica de Xalapa, Rosa Luna Hernández, reconoce que ninguna persona se atrevería a denunciar si alguna ropa de paca le provoca algún daño por temor a alguna repercusión legal, sin embargo, dice que para resolver los temas sobre ese tipo de comercio ilegal, debería responder el área de comercio, a cargo de Edgar Portilla.
Comerciantes de ropa en Coatepec y Xalapa reconocen que la ropa de paca se ha convertido en una necesidad para la gente que no tiene dinero para ir a tiendas departamentales, ni siquiera a supermercados como Chedraui, Soriana o Wal Mart en donde, aunque no venden ropa de marca, sus costos son elevados.
Abunda ropa americana
En tianguis, mercados, casas-habitación y hasta en el suelo, a un lado de los mercados sobre ruedas autorizados por los ayuntamientos de Xalapa y Coatepec, abunda la ropa traída en pacas desde Estados Unidos.
En Internet, periódicos y en letreros de muchas casas, se anuncia la ropa de pacas. Para darse una idea, una paca de ropa puede traer prendas para niños y niñas de todas las edades, ropa interior, abrigos, chamarras, blusas, camisas y pantalones para dama y caballero.
Algunas tienen costos entre mil 500 pesos, 2 mil pesos y hasta 3 mil pesos, dependiendo de las marcas y suponemos, el uso de la ropa.
Una familia puede gastar 300 pesos, según datos proporcionados por Elena Hernández, que importa 15 pacas mensuales, y dotarse de dos blusas y un pescador para niña, un pantalón y dos camisas para niño, 3 pantaletas para niña, dos blusas para dama, un pantalón y dos playeras para caballero: “En una tienda común, ellos podrían gastar entre mil 500 y 2 mil pesos. Con nosotros solo gastan 300 pesos. Es una ayuda muy importante a su economía”.
Este anuncio fue encontrado en Internet: “Somos una empresa dedicada a la venta de ropa seminueva, nueva (..) y usada, así como también tenis, accesorios y muchos productos más. Estamos ubicados en McAllen, Tx, al ver la demanda que tiene nuestra mercancía fundamos esta empresa para la distribución a lo largo de la República Mexicana. Nuestro compromiso es el buen precio, calidad y rapidez de envío, así como también asesorar a nuestros clientes para que eleven sus ventas y mejoren sus negocios. Otorgamos precios especiales”.
Posteriormente, dan a conocer su número de teléfono y hasta se dan el lujo de permitir llamadas por cobrar.
Mal negocio, riesgo para la salud
Ramón Vázquez, médico desde hace 22 años, reconoce que la ropa de pacas es muy popular entre la gente, debido al bajo costo.
Empero, asegura que la ropa de tianguis puede traer piojos, pulgas, ácaros y hasta bacterias que pueden provocar sarnas, dermatitis, tiñas, ronchas y hasta enfermedades venéreas.
“He sabido de casos en donde la gente ha adquirido hasta gonorrea, eso es grave porque ésta puede irse trasmitiendo a la pareja. El asunto se complica si la persona tiene contacto sexual con otras personas”.
El problema, aseguró, es que se sabe que en Estados Unidos, la gente saca su ropa a la basura, la dona a mercados de pulgas o bien, es sacada de cárceles. Esa ropa es recogida y empacada para venderse como de segunda mano.
“Uno de los tratamientos que más damos a los pacientes son los antimicóticos y en ocasiones, algunos antihistamínicos por la picazón a la que son sujetos una vez que se ponen esa ropa”.
El galeno reconoció que los riesgos existen, principalmente porque la gente se entusiasma con la ropa (que parece nueva) y se viste de inmediato, provocándose los daños: “No la lavan, no le ponen cloro o algún otro tipo de jabón”.
Como es inevitable que la gente la compra, por su precio, dijo que lo ideal es que la laven con agua caliente, con bastante jabón, un desinfectante y posteriormente, echarle un suavizante.
Con respecto a las chamarras, conocidas como rompevientos, dijo que estas deben estar en bolsas, por lo menos tres días, para acabar con los piojos y ácaros. Reconoce que los riesgos son mayores si las damas o los caballeros compran ropa interior: “Ahí es donde hay riesgos de contraer gonorrea o tiñas”.
Exhibe la pobreza de nuestro país
El consumo de la ropa de pacas es una clara muestra de la situación que vive el país, debido a que la gente –al no contar con dinero- recurre a ese tipo de mercancía, traída desde Estados Unidos y que pudo ser usada o echada a una bodega, con todos los riesgos, dijo el titular del Consejo Coordinador Empresarial en el estado, Jesús Castañeda Nevárez.
“Mayormente es ropa usada, de desecho. Nunca es nueva o descontinuada que, en todo caso, trae etiquetas todavía. Es ropa que usó cualquiera y que llega a tus manos sin saber qué tipo de alimañas o bacterias trae. Es de reconocer que esa ropa es comprada por su bajo precio”.
Aunque fue cuestionado sobre lo rigurosas que son las leyes americanas y las mexicanas en cuanto a permitir la entrada de mercancía de un país a otro: “No dudaría que esto también opere con el control de algunas mafias que se dedican a este comercio”.
Aseguró que son pocas las empresas que se dedican a esto, algunas tiendas venden artículos de segunda, con defecto pero que nadie ha usado: “La ropa de paca, así se conoce, es muy buscada por su bajo precio. La compra gente en zonas marginadas”.
Como es lógico, quien se dedica a la venta de este tipo de ropa lo hace a escondidas de la ley, debido a que tampoco pagan impuestos: “Es lógico, todo comercio ilegal afecta a los comercios establecidos. Pero tampoco podemos criticarlo, en Veracruz hay muchas empresas maquiladoras que, por sus bajos sueldos, se quedan sin empleados y han cerrado sus puertas. Cierran por falta de empleados o porque los productos chinos o esta mercancía se han adueñado del mercado”.
Ayuntamiento exige cumplimiento
La síndica xalapeña, Rosa Luna Hernández, reconoció que la ropa de paca se vende bien, aunque sabe que ese tipo de comercio es ilegal o bien, la gente que importa esos productos, hace la venta desde sus hogares.
De acuerdo a la ley municipal, toda persona que quiera abrir un comercio debe empadronarse y cubrir con todos los requisitos exigidos. Además, deben pagar impuestos y presentar comprobación de cada una de sus compras y entregar facturas.
En el caso de la ropa que viene en pacas, la representante legal del ayuntamiento dijo que todos los productos que vienen del extranjero deben traer su certificado de origen, aunque todo lo relacionado con esos productos son responsabilidad de la Federación.
“En el tema de la salud, sabemos que esos productos deben ser revisados por los gobiernos para no exponer a la población a alguna epidemia”.
Y agregó: “Sí se puede sancionar, pero para ello requerimos de la denuncia de las personas. No podemos actuar nada más porque si, pero para que eso se dé, está más que difícil. Se tendría que enterar de esto al responsable del área, el señor Edgar Portilla”.
Se vende porque es económica
La comerciante Elena Hernández reconoció que las ventas en su negocio son elevadas debido a que la necesidad de la gente es mucha y es poco el dinero con que cuenta para darse algún gusto.
“Yo no desconfío de la mercancía que vendo. Yo sé que mucha ropa de esta es usada y para ello le advertimos a la gente que debe lavarla antes de usarla”.
Elena no se dio cuenta, pero antes de hacerle una pregunta, empacó en una bolsa dos blusas y unas mallas, por las que cobró 100 pesos y no hizo esa advertencia.
Como comerciante, en ocasiones tiene problemas para sacar toda la ropa debido a que hay gente que prefiere comer antes que comprar algo para su uso personal, sin embargo, cuando aún tiene saldos, empaca su mercancía y se va a algún tianguis: “Llego, pongo mi mercancía y la vendo”.
A la vez, el negocio para ella ha sido redondo, en ocasiones invierte entre 22 y 35 mil pesos y asegura haber obtenido ganancias de entre 60 y 80 mil pesos una vez que recuperó su inversión: “Mire joven. Allá afuera no hay empleos. Hay mucha delincuencia. Soy una persona mayor y no tengo la oportunidad de encontrar un trabajo porque para ello debes tener menos de 35 años y yo por eso, compro mis paquitas y las comercializo. Me va bien, no lo puedo negar, pero cuando la crisis se acentúa sufro como el resto”.
Por su parte, Óscar González, un ex obrero que tuvo que dejar su trabajo a causa de que la empresa en la que trabajó por 20 años cerró, decidió emplear una parte de su liquidación en la compra de ropa usada y a partir de allí, ha creado un mini emporio que ya trajo beneficios a sus dos hijos, nueras y hasta una sobrina que lleva su mercancía a Naolinco los fines de semana.
Reacio a hablar, pues puso como condición que no se diera a conocer su dirección ni se tomaran fotografías, el ex obrero expuso que fue la necesidad lo que lo llevó a buscar una alternativa para dar de comer a sus hijos.
Como todos los que se dedican al comercio informal, criticó al Gobierno Federal por no dar más opciones de trabajo y por ello, a sus 43 años, se retiró de toda actividad para vender su mercancía.
¿Ya no trabaja usted?, se le cuestiona: “Pues mire, estoy en mi casa. Cuido de mi negocito, la gente pasa aquí con confianza y tengo buenos clientes. Ahora la ropa me la traen hasta acá y yo lo único que haga es sacarla, colgarla o acomodarla y la vendo”.
Esbozando una sonrisa mientras se escucha a lo lejos la música de Jenny Rivera, el neo comerciante dice que en algunas ocasiones, gana hasta 9 mil pesos por semana, sin embargo, cuando le va mal, apenas si saca 3 mil pesos. Por supuesto, ignora que en la ciudad, ni siquiera algunos profesionistas ganan eso.
Con una compra promedio de diez pacas cada dos meses, más lo que tiene en su stock, Óscar vive tranquilo. No tiene ni idea si en algún tiempo se prohibirá la entrada de esa mercancía o si habrá operativos para detectar al comercio informal, lo único que sabe es qu sólo tiene que abrir la puerta de su casa y, a partir de allí, esperar.